Félix Iriarte
Euskara y rifi-rafe político
04/03/2005

Desde el pasado 22 de febrero un grupo de profesores se encuentra encerrado al verse visto excluido del proceso de estabilización pactado por la Administración vasca con tres de los sindicatos de la enseñanza con más peso en el sector, STEE-EILAS, ELA y LAB. El acuerdo establecía que las condiciones para lograr la estabilidad en los puestos de trabajo de los docentes para 2006 pasaban por lograr el perfil dos en lo referente al dominio del euskara. Un perfil que permite impartir las clases en la lengua vasca, aunque el dominio de la lengua no sea el más indicado.

Los trabajadores al servicio de la Administración tienen que cumplir con los requisitos lingüísticos en una comunidad en la que las dos lenguas son oficiales. En este caso, además, es la propia evolución del sistema educativo vasco quien condiciona la preparación de los docentes en lo que corresponde a la lengua. Año tras año, la demanda educativa de los modelos únicamente en euskara ha ido subiendo imparablemente, hasta el punto de que prácticamente es necesaria la euskaldunización total del profesorado para cubrir la demanda.

A nadie escapa, sin embargo, que la protesta de los profesores que temen perder la estabilidad de sus puestos de trabajo está condicionada por diversos factores políticos. La precampaña electoral -como siempre en Euskadi la más importante desde la llegada de la democracia- ha sido un acicate que PP y PSE han sabido aprovechar. Estos dos partidos siempre han tenido una actitud reticente sobre los planes lingüísticos del Gobierno vasco. Han actuado de freno ante la Administración y han sido quienes se han encargado de dar esperanzas a los docentes castellanos parlantes.

La posición tímida y titubeante de los sucesivos gobiernos también ha ayudado a que las manifestaciones de rechazo a su política hayan calado en algunos sectores. El querer huir a toda costa de dar una imagen de imposición ha llevado al Gobierno vasco en muchas ocasiones a dar precisamente la imagen que quería evitar. Su silencio a las propuestas de los encerrados también contribuye a ello.

Quien realmente pagará los platos rotos será el euskara. Aceptado por todos que es conveniente para su normal desarrollo dejar al margen del rifi-rafe partidista, los intereses electoralistas de algunos lo están imposibilitando. Lo escandaloso no es, como sugieren algunos voceros del PP y del PSE, que un grupo de docentes pueda perder la estabilidad de sus puestos por no haber alcanzado el conocimiento de la lengua exigido, sino que a otros trabajadores de la misma Administración no se les exija el conocimiento del euskara para desempeñar su labor. El Gobierno puede ampararse en que las demandas en un sector o en otro no son comparables y eso permite flexibilizar la exigencia del conocimiento de la lengua vasca. Pero ese argumento no satisface ni a quienes después de haber estado liberados del trabajo dos años no han podido conseguir el perfil exigido ni a quienes exigen una política firme y que no esté al albur de los acontecimientos políticos.