Carlos Dronda
¿Democracia en Euskadi?
24/03/2005

La peor herencia de Aznar, asumida además sin reparos por Rodríguez Zapatero, es la normalidad y la naturalidad con que se están recortando derechos y libertades fundamentales en lo relativo a la política vasca. Las elecciones autonómicas están a la vuelta de la esquina y Batasuna ya ha sido excluida sin que nadie fuera de Euskadi parezca haberse escandalizado a pesar de que esa medida supone arrebatar sus derechos civiles y políticos a miles de personas. Por cierto, Batasuna es perfectamente legal en el Estado francés. ¿Curioso, no?

Pero lo que ya es rizar el rizo es lo que está ocurriendo con Aukera Guztiak. Han sido, hemos sido, investigados las más de 27.000 personas que con nuestra firma hemos apoyado su derecho a participar en el proceso electoral. ¿Con qué derecho son, somos, investigados miles de vascos contra quienes no pesa ninguna acusación? España, está visto, se está convirtiendo en un Estado policial, más propio de regímenes como el turco o de cualquier república bananera de película de Woody Allen.

Una investigación que presenta a bombo y platillo un diario nacional que no duda en asegurar que Aukera Guztiak es la 'lista blanca' de Batasuna. A eso se le llama periodismo objetivo basado en el contraste de la realidad. Y añaden que una parte de los firmantes tiene relación con Batasuna o con la kale borroka. Y ya tienen la prueba que tanto busca el Fiscal General del Estado. De risa. A esos supuestos firmantes, quienes, que se sepa, ni están perseguidos por la Justicia ni han sido condenados por ningún juez, se les condena porque la Policía tiene indicios, también supuestos. ¡Viva el Estado de Derecho! Y además, aunque tales indicios fueran ciertos, ¿qué? La carga de la prueba en ningún caso podría recaer sobre Aukera Guztiak, que ninguna responsabilidad tendría en ello.

Y hablan de espionaje telefónico a ciudadanos sobre los que no pesa ninguna acusación y se quedan tan anchos. Curiosa democracia. Y muestran esas conversaciones como prueba de no sé qué connivencia. Cualquiera que conozca mínimamente la sociedad vasca, su fortísimo movimiento social y ciudadano, no puede extrañarse de que el secretario general de LAB hable por teléfono con el presidente del Consejo Económico y Social, uno de los impulsores de Aukera Guztiak, o que un miembro de Batasuna hable con otro portavoz de la lista que pretenden ilegalizar, compañeros ambos de la plataforma contra el Tren de Alta Velocidad. ¿Con qué pruebas tan birriosas nos quieren engañar?

Porque, además, la gran excusa se les ha venido abajo. Aukera Guztiak ha dicho por activa y por pasiva que rechaza toda vulneración de derechos humanos. Toda. ¿A qué viene exigir una condena expresa de ETA? Se lo explico, porque sólo tiene una explicación, que quienes eso exigen simplemente tratan de reducir la violencia existente en Euskadi a la que ejerce ETA. Y se olvidan, y no condenan, la tortura en comisarías y cuartelillos, denunciada cada año por acreditados organismos internacionales. ¿Y no es una forma de violencia mantener a un chaval preso durante cuatro años sin ni siquiera haber sido juzgado? Y qué decir de la dispersión de los presos, simple venganza que se traduce en la muerte de familiares y amigos en accidentes de carretera cuando recorren miles de kilómetros para visitar en la cárcel a sus seres queridos. Por cierto, que quienes diseñaron y ejecutan la dispersión bien harían en ir dimitiendo porque se ha demostrado que no sirve para cumplir su teórico objetivo, sí, aquel de separar a los presos de la organización y facilitar su repudio a ETA. Ya son muchos años y casos como el de Soares Gamboa, arrepentido para unos, traidor para otros, se pueden contar con los dedos de una mano.

Lo que está claro es que, ilegalicen o no a Aukera Guztiak, el carácter democrático del Estado español está en entredicho en Euskal Herria, donde con iniciativas como la del Gobierno del PSOE y la del Fiscal General del Estado cada vez cuesta más pensar en un horizonte sin violencia de ningún tipo. Porque, guste o no, con las impugnaciones y las ilegalizaciones sólo logran una cosa: cargar de argumentos la mochila de quienes ven en la violencia la única expresión posible de sus aspiraciones políticas.