La campaña electoral que se abre a medianoche promete ser
la más decisiva de todas las habidas hasta ahora. Decir eso
en Euskadi seguramente no es nada novedoso puesto que en vísperas
de todas las citas electorales se comenta lo mismo. Sucede
lo mismo que en los partidos del Madrid-Barcelona, que estén
como estén en la tabla clasificatoria, año tras año se convierte
en el partido del siglo.
Algo así sucede ahora en Euskadi, aunque quizás la percepción
de la importancia del resultado electoral sea más palpable
en los medios de comunicación y los partidos políticos que
entre los ciudadanos. No es la situación de hace cuatro años.
Entonces sí que había 'lobos' de verdad que hicieron que los
ciudadanos acudieran en masa a las urnas. Ahora, a simple
vista, parece que no hay tanto lobo suelto, aunque San
Gil y Patxi López no le quitarían ese calificativo
a Ibarretxe, ni los nacionalistas harían lo propio
con los candidatos socialistas y populares. Por ahora los
lobos -si los hay- están disfrazados de corderos.
Pero el escenario de la batalla electoral se ha achicado con
el beneplácito de PP y PSE y la colaboración de los jueces
españoles, más pendientes del impulso político que sienten
del Gobierno que de ejercer de árbitros imparciales. Como
los equipos de fútbol que se sienten inferiores ante la visita
del líder, PP y PSE han optado por estrechar los márgenes,
reducir el campo y embarrarlo. Piensan que así será más factible
lograr la victoria, y que además es su única oportunidad.
Patxi López, sin embargo, necesita campo pequeño pero una
campaña limpia, de bajo perfil y sin estridencias. Hacer oídos
sordos a los cantos de sirena que le llegarán del PP y tratar
de situarse en el centro entre nacionalistas españoles y abertzales
vascos. A las orillas, los demás, en eso coincide con el lehendakari.
Si el nacionalismo gobernante consigue hacerle responsable
del estrechamiento del campo y de la falta de libertades asemejando
Aznar con Zapatero y visualizando que San Gil y López forman
un tándem perfecto en comunión de intereses, habrá conseguido
buena parte de sus objetivos.
Peor lo van a tener con Ibarretxe en el cuerpo a cuerpo. El
lehendakari es, con diferencia, el político mejor valorado,
quien más apoyos concita y es visto como una persona dialogante
y como el mejor candidato. En la confrontación dialéctica
será difícil que consigan superarle. Es el líder y parte con
esa ventaja. Es, además, un líder curtido porque ha tenido
que lidiar con duros enemigos. Madrid -en un amplio sentido-
le ha fustigado sin perdón, pero eso mismo le ha hecho fuerte
y ha sabido conciliar la admiración de muchos abertzales sin
adscripción partidaria. Pero para seguir al frente del Gobierno
necesitará algo más. Ibarretxe es el más interesado en el
cuerpo a cuerpo electoral. Es quien puede movilizar los votos
de los indecisos y de los que no piensan todavía en acudir
a las urnas el día 17. De su campaña dependerá en buena medida
que logre mantener el gobierno. Y quizás también de Madrazo,
al que también le gustaría ofrecer una imagen de unión entre
PP y PSE. Hace cuatro años obtuvo un buen botín de aquella
estrategia de redondo y Mayor Oreja. Ahora de él depende
que aquellos votos sean definitivamente suyos.
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