Curri Valenzuela
Campaña vasca
02/04/2005


Hay elecciones en el País Vasco dentro de dos semanas exactamente, pero el resto de España vive ajena al hecho, quizás porque entre la agonía del Papa y las nuevas averiguaciones del 11-M, las noticias de una nueva campaña electoral -y van cuatro en un año- se nos ofrecen al final de los telediarios. O, a lo peor, porque estamos tan resignados a una victoria de los nacionalistas que tenemos aplazada la tragedia en el subconsciente hasta el día, aún no tan próximo pero sí inevitable, en que Ibarretxe mande a Madrid su plan de separación de España.

Recién empezada, la campaña vasca nos suena a hueca. Ahí está María San Gil, desgañitándose en defensa de la libertad ante un páramo de pueblo que tan poco la aprecia; López, reconvertido en únicamente Patxi para parecer más vasco en los carteles, tanto marketing y tan poca sustancia. E Ibarretxe, dando palmaditas de aliento a Batasuna en negro y blanco, situándose ante los vascos y las vascas en la centralidad de ETA y Madrid, aspirante a ganador de los premios al cinismo político y a las frases grandiosamente vacías de contenido.

La emoción de unas elecciones, saber quien ganará, no existe esta vez. Ganará el PNV, gobernarán los nacionalistas. La incógnita se sitúa a varios meses vista y su protagonista es Zapatero. Qué hará el presidente del Gobierno cuando tenga encima de la mesa el plan que quiere partir España, si seguirá dándole vueltas... si se enfrentará a los secesionistas al fin. Una incógnita mucho mayor que la que los vascos despejarán dentro de dos domingos en las urnas.