Felix Iriarte
Paz y política
10/04/2005

La campaña electoral vasca está ya en la recta final. Atrás han quedado las encuestas que dan una clara mayoría a la coalición PNV-EA, pero no han aclarado si Ibarretxe - y en última instancia el tripartito que ha gobernado durante la última legislatura- podrá gobernar con mayoría absoluta ni si la coalición abertzale superará en escaños a los sumados entre populares y socialistas. Tampoco ha quedado claro el número de escaños que podría conseguir el Partido Comunista de las Tierras Vascas, el depositario de los votos de la izquierda abertzale. No son cuestiones intrascendentes, puesto que el nuevo pacto político que se tiene que lograr en los próximos años y que sería deseable que pusiera las bases de la normalización política y de la paz estará determinado en buena medida por esas variables.

Zapatero ha sido el gran animador de la campaña estas últimas jornadas. No tanto por sus promesas electorales, sino por el especial énfasis que ha puesto en las cuestiones relacionadas con el proceso de paz. Un proceso que como tal no existe, pero que todos intuyen que comenzará a partir de la próxima semana. Las manifestaciones del presidente del Gobierno español han sido claras. Por un lado ha asegurado que no perderá la oportunidad, que está preparado para afrontar el reto. Por otro, que aunque la paz no tenga un precio político, la política sí puede ayudar a lograr el objetivo. Son afirmaciones esperanzadoras, incluso ilusionantes para quienes soñamos con la consecución de la paz. Solo falta llenarlas de contenido.

No le resultará sencillo al presidente del Gobierno español conjugar paz y legislación vigente. Ley de Partidos y política para la paz son términos contrapuestos, contradictorios. Esa ley se concibió para convertir el conflicto político vasco en mera cuestión policial, se le despojó de toda referencia política y al unir ETA con Batasuna se puso en marcha una operación policial que hoy se ha convertido en una pesada carga para quienes quieran poner en vías de solución el conflicto vasco, que si algo es, es un conflicto político.

Zapatero, por lo tanto, tiene que definirse. Si, como dice, apuesta decididamente por la paz y la normalización política no puede seguir defendiendo la Ley de Partidos. Si la política tiene que abrirse paso, habrá que hacerla hablando y negociando con todos, también con la izquierda abertzale porque representa a una parte importante de la sociedad vasca que también desea la paz. No encontrar vías para la interlocución con Otegi es no ser consecuente con el discurso, y cuando por medio está la paz es un ejercicio demasiado arriesgado.

Ni Otegi ni Batasuna estarán representados en el próximo Parlamento Vasco. Sin embargo, la irrupción del Partido Comunista al que Otegi dará su voto debe servir para paliar en lo posible el desastre que se veía venir con la ilegalización de Aukera Guztiak. Para Zapatero, para el PSOE, para la sociedad vasca, la española y para todos los que desean que esta legislatura se convierta en la legislatura de la paz, es mejor tener un interlocutor en el Parlamento Vasco que no tenerlo; es deseable que participen en las negociaciones para el nuevo marco político que ha de determinar las relaciones entre Euskadi y España a que no haya representantes de la izquierda abertzale en esos trabajos parlamentarios. En definitiva, es mejor que la normalización política comience a partir del día 18 a que haya que esperar otro ciclo político porque quienes dijeron que querían hacer la paz no tuvieron la suficiente valentía para afrontar el reto. Y eso vale para Zapatero y para todos los demás.