León Buil Giral
Cosas electorales
12/04/2005


Quedan tres días para que concluya la campaña electoral en el País Vasco y, salvo algún acontecimiento muy inesperado, las tendencias de votos están suficientemente consolidadas como para empezar a trabajar con hipótesis de alta probabilidad. Las distintas formaciones políticas se han empleado a fondo para atraer al electorado con mensajes en los que abundaban las promesas de reformas y mejoras sobre la base unánime de acabar con la violencia de ETA por unos u otros medios. Todo esto puede considerarse componentes normales de unos comicios en las tierras vascas. También es normal que los populares resalten su discurso españolista o que los socialistas pongan el acento en la prevalencia de una política más social y abierta a todos.

Pero a partir de estos planteamientos convencionales, cabe apreciar errores en los enfoques de los grandes bloques de asuntos que interesan a un electorado que, en Euzkadi, tiene como elemento omnipresente el nacionalismo en una gradación que lleva desde su ausencia total a su reivindicación absoluta y sin condiciones. Un muy pequeño porcentaje de los vascos confiesan no interesarles esta cuestión, y más por su complejidad e incertidumbre que por verdadera indiferencia.

Resulta normal que la campaña del PNV se haya concentrado en su proyecto soberanista apoyado en los logros que el autogobierno ha conseguido para Euzkadi en los veinticinco años de vigencia del Estatuto de Gernika, algo que sus rivales ponen en duda por los fallos que se detectan en no pocos renglones de la administración vasca y pese a que disfrutan de un trato fiscal privilegiado que permite liberar cuantiosos recursos. Pero el contraataque de Ibarretxe y los suyos ha tomado unos derroteros absurdos: sembrar el miedo entre los electores si perdieran los nacionalistas porque peligraría la identidad vasca y todos sus valores y, al propio tiempo, acusar a sus rivales constitucionalistas de tratar a los vascos como niños. No cuadra.

La candidata del partido popular María San Gil está haciendo un buen papel en la defensa de su programa que obviamente tiene en el final de ETA su objetivo primordial para recuperar una libertad plena, pero que presenta la colaboración con el Estado como medio idóneo para relanzar el desarrollo del País Vasco que, relativamente, ha perdido peso en el conjunto de España. Se equivoca, en cambio, en ver a los socialistas como contrarios en el proyecto del futuro Euzkadi, porque en fin de cuentas unos y otros se oponen a cualquier opción independentista aunque difieran en los contenidos de autogobierno.

Seguramente es Patxi López quien está llevando con más cordura su campaña, bien arropado por la plana mayor de su partido. Y lo está haciendo con un discurso sin huir hacia delante, tentación muy potente cuando se tiene como rivales a batir a dos partidos nacionalistas que se han lanzado a la aventura. Sustentado en su plan alternativo al del lehendakari pero sin insistir en sus propuestas más cortantes, remite el futuro de los vascos a un diálogo entre las fuerzas políticas que conduzca a un acuerdo de muy amplia mayoría que garantice la estabilidad estatutaria e institucional y las libertades. ¿Es que desean otra cosa los vascos?

Hay otros protagonistas en liza que añaden incertidumbre a los resultados y restan claridad a las propuestas. Lo de Ezker Batua, exclusión hecha de su atracción por el poder, es de pasmo, por más que obedezca al principio de fragmentación dominable. En cuanto a la irrupción del PCTV con un programa que atraerá votos de Batasuna pero también de la otra formación comunista, es todo un enigma.

En una campaña necesariamente plana, porque en sus líneas básicas dio comienzo hace más de un año, hay escaso lugar para la sorpresa en cuanto a propuestas. Lo que prima es la incertidumbre de los resultados y, según estos, del futuro. Porque se juega la exclusión relativa o la integración, las libertades o el contexto de coacciones, el consenso o el desacuerdo, todo en distintos modos y medida. Afortunadamente hay una actitud generalizada que desea ante todo una distensión política y la ligadura de la fractura social, para poder abordar los problemas reales. Todos lo prometen, como en otras campañas anteriores, pero el electorado tiene razones para desconfiar después de tantos años.