Es posible que el
resultado electoral del domingo no cambie sustancialmente
la composición del Parlamento Vasco. Habrá pequeñas escaramuzas
que se dilucidan en todos los comicios, que tampoco hay que
desdeñarlos, como son si la coalición PNV-EA logrará mantenerse
cerca del techo electoral que consiguió hace cuatro años,
si en la particular batalla que mantienen PP y PSE los socialistas
logran la delantera, que dicho sea de paso es su posición
natural, o si los nacionalistas deberán echar mano de EB para
poder gobernar con cierta comodidad.
De cualquier modo no son esas las grandes cuestiones a despejar.
Algunas de más profundo significado ya se han aclarado. Si
de algo ha servido la campaña ha sido para poner de relieve
la nueva ubicación que pretende Zapatero para el socialismo
español. Nada de asociarse con el PP al estilo de Nicolás
Redondo ni echarse a los brazos del PNV. El socialismo vasco,
que no vasquista, se reivindica como la fuerza que puede arreglarse
con ambos bandos, con nacionalistas y populares, un ejercicio
imposible a los ojos de sus adversarios políticos que consideran
incompatibles ambos extremos.
La posición de centralidad que quiere para sí el PSE, sin
embargo, no aclara su posición respecto a la izquierda abertzale
que estará representada por EHAK. Tampoco lo han aclarado
Ibarretxe ni Madrazo, pero todos ellos se verán
obligados a hacerlo. Sólo el PP ha dicho que no hay nada que
hablar con los que considera que representan a ETA y Batasuna.
Una de las características de la pasada legislatura consistió
en la negativa por parte de los partidos a negociar con Socialista
Abertzaleak, el grupo parlamentario de la izquierda abertzale.
No obstante, ahora la representación que obtenga EHAK será
inmaculada puesto que lo hará después de haber superado el
filtro judicial, el mismo que ha impedido que Otegi,
Permach o Goirizelaia puedan ser parlamentarios.
Dialogar, negociar y pactar iniciativas parlamentarias con
los comunistas-nacionalistas vascos no deberá estar, por lo
tanto, puesto bajo sospecha. Y eso abre unas puertas que hasta
ahora permanecían cerradas. Y cierra otras, las de las acusaciones
mutuas entre gobierno y oposición sobre la connivencia con
Batasuna.
Ibarretxe ya ha afirmado que si gobierna la próxima legislatura
hablará con todos, incluida Batasuna, dentro y fuera del Parlamento.
La paz así lo exige. Pero también romper con inercias del
pasado. Si el Parlamento es el imperio de la palabra no hay
ninguna razón para excluir de las negociaciones y conversaciones
a ningún partido, máxime si ha superado todos los requisitos
establecidos. Además, ¿para qué se exige que todas las fuerzas
políticas estén en el Parlamento si no es para dialogar, negociar
y si se da el caso pactar con quien se considere oportuno?
La normalización no llegará al Parlamento Vasco esta legislatura
porque hasta que Batasuna no pueda presentarse será imposible
hablar en esos términos. Pero si EHAK no es marginada como
lo ha sido el grupo de Otegi, algo se habrá avanzado. |