Curri Valenzuela
Lo que nos jugamos
16/04/2005

Nunca los ciudadanos de una parte de España han acudido a las urnas, como lo hacen hoy los vascos, de forma tan trascendente para el futuro de este país. Más allá de cuantos escaños consigue el PNV, si socialistas o populares se alzan con el codiciado puesto de fuerza política número dos, si ETA vuelve al Parlamento de Vitoria disfrazada con las siglas de un extraño partido lo que se dirime hoy es la posible ruptura de lo que durante siglos hemos considerado nuestra nación, España, convertida en estado democrático desde hace un cuarto de siglo.

No son las primeras elecciones vascas en las que está en juego una mayoría nacionalista que cuestione esa unidad, es cierto. Pero sí las primeras desde que el nacionalismo ha llevado a Euskadi al borde del precipicio constitucional. Un paso más y se habrá consumado la puesta en marcha del Plan Ibarretxe, la celebración de un referéndum consultivo que se saltaría todas las reglas de juego, la confrontación abierta entre el todo y una parte de la nación. Por más que Zapatero, auténtico candidato socialista en estas elecciones, se niegue a ver la hondura del precipicio y, optimista existencial él, piense que se trata de un saltito sin excesiva importancia, lo que hoy se vota es la subsistencia de Euskadi como parte integrante del territorio español. Y la prueba ha quedado patente en el desarrollo de la campaña electoral recién terminada, sin discusión de los temas que importan en una democracia consolidada, sin balance de la gestión de un Gobierno, sin críticas a los aspectos concretos de esta gestión. En el País Vasco se elige hoy entre romper los lazos con el resto de España, oponerse frontalmente a esa ruptura o ignorar lo dramático de la situación. Y del recuento de los resultados esta noche va a depender no solo el futuro de los vascos, sino, aunque no hayamos podido votar hoy, del resto de los españoles.