José Cavero
Dos clarísimos vencedores
17/04/2005


Algo se ha movido el mapa vasco, en las elecciones de ayer domingo. No hay vuelco, pero sí hay sustanciales movimientos, que con bastante probabilidad permitirán iniciar la legislatura con distinta actitud o talante. Es cierto que los peneuvistas siguen siendo la fuerza mayoritaria, pero su pérdida de cuatro escaños es, con toda certeza, una de las tendencias más significativas y a tener en cuenta. El Plan Ibarretxe ha vuelto a tener otro importante revolcón, después de que ya tuvo en el Congreso de los diputados. Esta vez, sí, el Plan Ibarretxe ha muerto definitivamente.

Ganan seis escaños los socialistas, y ésa es la victoria por excelencia de estas urnas, sin ningún género de dudas. El efecto Zapatero, con toda probabilidad, se apunta esos buenos tantos, que abren paso a una legislatura en la que el diálogo entre los opuestos deberá ser imprescindible. Zapatero y "su" Patxi López están en condiciones de modificar de manera sustancial el panorama político de Euskadi, una vez que el PNV no alcanza a conseguir la mayoría absoluta con sus socios anteriores de Esker Batua-IU, que se mantiene en sus tres escaños. Solamente con el apoyo del escaño logrado por Aralar obtendría la fuerza de la legislatura anterior. Pierden cuatro los populares, tantos como el propio PNV-EA, y ello pese a la buena tarea de una candidata inadecuada. María San Gil se ha esforzado como la que más, pero ese mensaje suyo será difícil que obtenga más réditos en Euskadi.

La cuarta fuerza política vasca vuelve a ser Batasuna, esta vez con el disfraz del PCTV, que a nadie consiguió confundir. Los batasunos han logrado incrementar en dos el número de sus escaños. Es probablemente cierto que le hicieron la campaña todos los demás, unos con su condena previa y otros con el deseo de su legitimación preliminar. Pero sería volver a esconder la cabeza en la arena: Hay ciento y pico mil votantes batasunos, y la cuestión es cómo resolver esa peliaguda cuestión. No es suficiente dejarlos fuera de juego de manera permanente, no basta con erradicarlos del mapa político vasco por la fuerza de un decreto o de una sentencia judicial. Ni mucho menos, encerrarlos en prisión a todos ellos, como algunos desearían. Existen, tienen sus propias convicciones, votan, y volverán a tener un grupo parlamentario propio, incluso mayor que el de Sozialista Abertzaleak de la anterior legislatura. Cabe el riesgo o la tentación de que el PNV-EA trate de llegar con ellos a un acuerdo de legislatura para alcanzar los deseables 38 escaños de la mayoría absoluta. Sería el terrible error de los nuevos tiempos, por más que algo será preciso hacer con este grupo, de "echados al monte" de la independencia, cuando no de la violencia pura y dura.

A la vista queda que sólo será posible la vía de una negociación y un gran acuerdo que alcance y satisfaga, cuando menos, a las dos terceras partes de la nueva cámara vasca: PNV, PSE e IU suman cincuenta escaños. Si además se sumaran el PP y Aralar, mucho mejor.