Fernando Jáuregui
¿Hacia un gobierno PNV-PSE?
17/04/2005

Comentaba recientemente un alto cargo del Partido Popular, en el mitin de cierre de la campaña vasca de este partido, en Vitoria, que el País Vasco, tras las elecciones de este domingo, debe dejar de ser un pretexto para la pelea de las fuerzas políticas, para el retraso en las soluciones de temas urgentes y para montar cada día un 'laboratorio' de ideas y alianzas imposibles en busca de la solución de un problema que dura ya más de tres décadas, según unos, o un par de siglos, según el lehendakari (en funciones) Ibarretxe. Es una idea que, formulada de otro modo, se había escuchado también en algunos círculos gubernamentales socialistas: las elecciones de este domingo, ya consumadas, deben significar un punto y aparte. Hay que seguir haciendo cosas, en Euskadi y en el resto de España, aprovechando que ya no hay que contener la respiración a la espera del resultado en las urnas vascas.

Se ha abierto, tras las elecciones de este domingo, un período interesantísimo que durará más de un mes, previsiblemente. Patxi López (y Zapatero) es un triunfador y se le abren expectativas hasta de formar gobierno. O entrar en el gobierno. Porque ahora, lo lógico, sería una coalición PNV-PSE, la única que garantizaría una cierta estabilidad de gobierno. Una coalición presidida por Ibarretxe, o por alguien del PNV, que ha sido, al fin y al cabo, y pese al descenso en votos y escaños, el ganador.

Claro que, para ello, Ibarretxe tendría que superar su famoso 'Plan', que no es que haya cosechado un gran éxito, precisamente. Veremos en qué quedan todas las bravatas lanzadas durante la campaña electoral.

Porque no es cierto que haya habido dos campañas correspondientes a las dos 'sensibilidades' (vamos a llamarlo así) de la sociedad vasca. Es que, en realidad, ha habido cuatro campañas, irreconciliables. Porque no hay dos, sino cuatro, fracturas en el cuerpo social vasco.

La primera de estas fracturas es el constitucionalismo del PP, absolutamente alejado del nacionalismo y anclado en valores tradicionales, y cuenta con la adhesión de un porcentaje significativo, pero no lo suficientemente importante, de la población vasca. María San Gil ha sido, acaso, mejor candidata que Jaime Mayor Oreja. Su campaña ha sido brillante, sólida en sus postulados. Lo que no acaba de encajar son precisamente esos postulados, que en el fondo no han evolucionado nada en los últimos cuatro años, aunque el tono sí lo haya hecho. Y la ausencia de Jaime Mayor y de José María Aznar en esta campaña evidencia que el propio estado mayor del PP entendió que hacía falta un giro en las formas, sin asumir, en cambio, que también era necesario en el fondo. De ahí el fracaso.

La segunda de estas fracturas es el relativo constitucionalismo del Partido Socialista de Euskadi, del que Patxi López es líder indiscutido tras la traumática ruptura con Nicolás Redondo Terreros. Una parte minoritaria del PSE se ha escorado hacia el PP (no necesariamente el propio Redondo, pero sí otros notables militantes, como las profesoras Gotzone Mora y Edurne Uriarte, o casi todo el entramado de 'Basta Ya'). Pero el mensaje del PSE ha sido bueno, intentando arrebatar al nacionalismo banderas como el nuevo estatuto o incluso el referéndum. Ello ha supuesto, desde luego, una ruptura del mensaje de unidad constitucionalista con el PP. No puede hablarse ya de ese utópico frente constitucionalista. Sólo el tiempo dirá si ha sido un acierto o un error ese paso del PSE hacia la posición de 'bisagra' entre las tesis 'populares' y las del PNV-EA. De momento, el resultado ha sido bueno.

El bando nacionalista moderado PNV-EA es, por supuesto, la tercera y mayoritaria fractura en la sociedad vasca. Aferrada, aunque más verbalmente que de hecho, a los viejos principios del fundador Sabino Arana, la coalición de los peneuvistas con Eusko Alkartasuna, partido este último que se proclama abiertamente independentista, parecería en principio, en cualquier lugar que no fuese Euskadi, una opción tradicional, excesivamente conservadora, poco moderna quizá. Y el 'plan Ibarretxe', que al final apenas ha sido esgrimido durante la campaña, podría recordar a una opción utópica ya desde ese prólogo en el que se habla de la imposible Euskal Herría. Pero, aparentemente el PNV, representado por un Ibarretxe marmóreo, por un Imaz pragmático e inteligente, pero como desdibujado, y EA, dirigida por una personalidad de la escasa talla política de Begoña Errazti, siguen contando con el favor del electorado. Aunque cada vez con menor peso: el 'Plan Ibarretxe' ha sido el gran derrotado.

Y contando con la ayuda de un partido que solamente tiene explicación en la confusión vasca, Ezker Batua-Berdeak, de Javier Madrazo, aliado desde el no nacionalismo con los nacionalistas, que apoya desde la crítica el 'Plan Ibarretxe' y que canaliza unos votos muy importantes procedentes de la antigua izquierda obrerista que se desengañó de las siglas socialistas. Pero, en un futuro, la opción Madrazo bien podría acudir en auxilio de un socialismo vencedor en las urnas. En un futuro. Porque todos ven en la Legislatura que ahora se abre un período de transición hacia ese cambio que muchos, en el fondo, ansían y que ahora no se ha producido por falta de otra opción clara. En ese sentido, tanto el PP como el PSE tienen mucho que meditar.

La cuarta fractura también sería imposible en otro territorio que no fuese esta Euskadi donde tantos errores se han cometido históricamente, la mayor parte de ellos procedentes 'de Madrid'. Se trata, claro, de ese mundo alejado del sistema, que no condena la violencia como forma de acción política, cada vez más desideologizado y quizá también más disperso, pero fiel a la idea de que 'cuanto peor, mejor'. Pese a todo, una de las grandes equivocaciones recientes de los políticos nacionales posiblemente haya sido tratar de mantener a esta parte de la sociedad vasca alejada de las urnas, lo que ha favorecido la tentación de alejarse de una necesaria evolución hacia planteamientos más acordes con una sociedad democrática moderna. Inevitablemente, sin embargo, esta cuarta fracción, que lamentablemente ha polarizado, con sus avatares hasta desembocar en el increíble PCTV, toda la campaña, habrá de ir aproximándose hacia planteamientos políticos más templados. Aunque lo cierto es que esos nueve escaños del PCTV, partido sin programa y sin líderes, que no está claro que esté respaldado directamente por ETA, son el resultado del apoyo de los que quieren romper son el sistema.

Y ello, el cambio en el mundo batasuno (y de sus herederos),como todo lo demás, ocurrirá en estos cuatro años de transición, en los que, al margen del veredicto de las urnas, irán produciéndose cambios de gran relieve en una Euskadi que, simplemente, así no puede seguir. Y conste que muchos de los que hemos acompañado ya 'in situ' casi todas las elecciones vascas coincidimos en que el clima ya ha cambiado bastante, a mejor, y la crispación, quizá a pesar de los esfuerzos del lehendakari (en funciones) en contrario, ha disminuido de manera perceptible.

Sí, definitivamente, el cambio, el lento cambio, ha empezado a llegar.