León Buil Giral
La izquierda abertzale
18/04/2005

Las elecciones vascas han deparado una sorpresa importante, el triunfo del Partido Comunista de las Tierras Vascas, que ha recogido el voto sin destino de Batasuna y los de quienes han considerado que la ilegalización y acoso a la izquierda abertzale, es un episodio más de una campaña dirigida por los que tienen el poder político y económico, en Euzkadi y en Madrid, contra un sector imprescindible del pueblo vasco en el que se agrupan con muy variadas motivaciones políticas y sociales de carácter radical. Desde esta interpretación cobra sentido la movilización que ha conseguido obtener un partido político casi desconocido, sin conexiones personales comprobadas con Batasuna, con escasos medios de campaña y con un discurso político etéreo y abstracto. Los resultados obtenidos, superiores a los que alcanzara Otegi en el año 2001 en plena beligerancia de ETA, demuestran bien a las claras que, si bien este sector de la izquierda independentista está retrocediendo desde los máximos alcanzados en 1998 que marcaron el apogeo de una tendencia ascendente, todavía cuenta con un electorado militante con fuerte carga ideológica que representa el 8,33 por ciento del electorado vasco.

Pero parece necesario hacer algunas consideraciones sobre estos resultados y su significación, lo que quizá tenga más alcance que el dato incuestionable del retroceso de PNV-EA y ascenso del PSE-EE, así como la pérdida del virtual plebiscito presentado por Ibarretxe sobre su plan soberanista.

En primer lugar habría que discriminar entre el electorado propio de EHAK, que sin duda lo tiene como puede deducirse de la intención de voto de las encuestas realizadas cuando todavía no había recibido el apoyo explícito de Batasuna, y el que es propio de esta formación ilegalizada: el aumento de siete mil votantes en el conjunto de los recibidos por el nuevo partido comunista es poco significativo respecto de los que obtuvo aquella formación política en las últimas autonómicas, más aún considerando la capacidad de movilización que siempre ha demostrado Batasuna tanto en eventos electorales como en manifestaciones y concentraciones. Con esto y con todo, el aumento de la abstención ha propiciado que aquél leve aumento en el número de sufragios obtenidos se haya traducido en dos escaños más. Otro factor a tener en cuenta son los casi catorce mil votos que ha perdido EB-IU, que hay que suponer que se habrán repartido entre el partido socialista y el partido comunista de nuevo cuño.

La segunda cuestión que se plantea exige aventurarse por terrenos de la prognosis, por no decir de la profecía. Se trata del comportamiento político de EHAK en el futuro y, como punto de arranque, su respuesta a una casi imposible oferta desvariada de Ibarretxe para que apoyaran a su gobierno con los nueve diputados obtenidos. Es de suponer que, si se diera este supuesto casi impensable, las condiciones del Partido Comunista de las Tierras Vascas serían muy duras y probablemente inaceptables. En un segundo tiempo se tendrá que comprobar hasta qué punto va seguir las directrices marcadas por Batasuna o, por el contrario, establecerá diferencias con esta formación. En este punto hay que tener en cuenta que Batasuna era -y sigue siendo en su estado de ilegalización- un grupo político muy heterogéneo con corrientes enfrentadas y con un difícil discurso unitario, pese a la demostrada capacidad de Otegi para llevar la voz del partido.

Ahora estamos ante una formación que ha tenido un alto apoyo de los antes electores de Batasuna, que tiene algunos planteamientos políticos semejantes con ésta pero debe preservar su continuidad. No puede desbarrar y exponerse a ser ilegalizada. Por otra parte también presenta elementos diferenciales en materia social, ha condenado toda violencia e incluso Miren Nekane ha manifestado que "la violencia de ETA, la tortura, las ilegalizaciones existen y hay que acabar con ellas". Por activa y por pasiva sus cabezas visibles han negado toda identidad con Batasuna, aparte de recibir apoyo de otra veintena de formaciones políticas y sociales. Su lema de democracia y paz, que nació hace más de tres años, su comunismo genuino y su mensaje aglutinador de la izquierda vasca, ha recibido un aluvión de votos batasunos. Pero no hay que engañarse: pueden estar juntos, pero no revueltos.