Felix Iriarte
Gobernar en Euskadi
18/04/2005

Las prisas son malas consejeras. También para la política. Hay quien a raíz de los resultados electorales no ve otra solución a la gobernabilidad que no sea un pacto entre socialistas y nacionalistas. Sin embargo, es demasiado pronto para aventurar que eso vaya a suceder. No porque los números den otras posibilidades, que las dan, sino porque para pactar el futuro gobierno de Euskadi además de en los números hay que reparar en los mensajes de fondo que depositaron los vascos en las urnas conjuntamente con las papeletas.

El mensaje fundamental es que Euskadi necesita la paz y la normalización política con urgencia. Los dos partidos triunfadores de los comicios -PSE y EHAK- son quienes más han incidido en la necesidad de la paz y aunque ello no explique por sí mismo el ascenso en las urnas (hay que tener en cuenta que provenían de una situación en la que habían cedido muchos votos a sus respectivas derechas, es decir PP y PNV-EA) sí es un dato a tener muy en cuenta. Por el contrario, el partido más castigado ha sido el PP que ha perdido un tercio de los votos cosechados hace cuatro años. Sus planteamientos inmovilistas han sido claramente rechazados por la sociedad vasca.

Los pasos a dar para lograr la normalización política se basan en tres ejes sin los cuales no habrá solución posible. PNV-EA sigue siendo la opción fundamental y cuenta con una base social cercana al 40% de los votantes. Una cosa es que el plan Ibarretxe haya salido perjudicado, aunque no porque el descontento se haya canalizado a posiciones de socialistas y populares sino a la izquierda abertzale más soberanista aún que el lehendakari, y otra que haya perdido peso específico en el escenario político vasco. El segundo eje es el PSE-EE. Ha recogido los votos que ha perdido el PP porque en el péndulo vasco tocaba girar a la izquierda. Pero lo ha hecho reclamando un nuevo acuerdo político y un plan de paz. El tercer eje es la izquierda abertzale. Ha salido fortalecida del envite electoral en las peores condiciones que puede alguien presentarse: sin líderes conocidos, sin programa y con la espada de la ilegalización sobre sus cabezas. Si han conseguido superar los 150.000 votos en esas condiciones es entre otras razones porque en la sociedad vasca se considera que no habrá solución sin contar con ellos. El voto a los comunistas-nacionalistas vascos ha sido un voto para intentar la paz.

¿Tiene sentido, por lo tanto, un gobierno entre nacionalistas y socialistas? Lo tendría si fueran capaces de pactar una vía hacia la normalización política. Pero eso requiere tiempo, deshacer caminos andados e inventar otros capaces de atraer a todas las fuerzas políticas. No hay tiempo para todo eso y, además, hay que cambiar también actitudes con respecto a todos los demás, y eso es algo más difícil en la Euskadi de hoy.

Descartado ese pacto al corto plazo -está por ver lo que pueda ocurrir dentro de dos o tres años- no queda otra solución más que el gobierno en minoría de Ibarretxe. Sin apoyos. Imposible con la izquierda abertzale y no recomendable con Madrazo porque en esta ocasión aporta poco. Sus tres votos ya no son tan decisivos como antes. Podría parecer débil un gobierno de Ibarretxe que accedería después de haber perdido parte del botín de hace cuatro años. Pero esa misma situación le debe obligar a hacerse fuerte y negociar con todos, sin excepciones. Hacer de la necesidad virtud es a veces un ejercicio muy sano.