La impresión más generalizada sobre el resultado de las elecciones
en Euskadi tiende a poner el acento, y probablemente no podía
ser de otra forma, sobre el corto resultado obtenido por la
coalición PNV-EA con respecto a sus expectativas.
En mis conversaciones con profesionales de la información
de fuera de Euskadi que han cubierto nuestra campaña electoral,
siempre he subrayado que un buen resultado de la coalición
dependía básicamente de que PNV-EA lograse movilizar el voto
que básicamente arrancó de la abstención hace 4 años. Todo
tirón a la baja en cuanto a participación representaba menores
expectativas para PNV-EA y un alza de Batasuna (llamemos a
las cosas por su nombre), máxime cuando a Batasuna, entre
unos y otros, le han hecho la campaña gratis.
Porque, por otro lado, hay una constatación bien clara; si
se elimina el efecto 13 de Mayo del 2001, el mapa electoral
varía poco, muy poco en Euskadi. Solamente en una situación
percibida como de emergencia nacional, se produjo una acumulación
de votos "extra" para el llamado nacionalismo democrático.
O, lo que es igual, en un marco en el que con una cierta normalidad
se pueda hablar, entre todos, del futuro de Euskadi, de las
reformas del estado, etc.., con un proceso de paz cuyas bases,
a mi juicio, están puestas, y con unas conversaciones en las
que puedan estar representadas todas las sensibilidades, es
posible avanzar en claves de solución del conflicto vasco.
Lo cual también querrá decir que en la medida en que no se
apueste decididamente por esa vía, o la población pueda volver
a percibir que se vuelve a las andadas, otro 13 de Mayo sería
perfectamente posible.
Hoy no lo ha sido, entre otras cosas, porque también se han
dado dos circunstancias, más allá de la falta de capacidad
de la movilización de ese electorado del nacionalismo democrático
de la que he hablado anteriormente: Batasuna ha recuperado
su protagonismo y el Partido Socialista no ha asustado al
electorado abertzale.
En cuanto a Batasuna, hay que subrayar el trabajo que ha venido
realizando en los últimos meses, tras la apuesta de Anoeta.
Mensaje de "Ahora el pueblo, ahora la paz", socialización
pueblo a pueblo de su propuesta, apuesta por las vías políticas,
conversaciones también discretas con el gobierno socialista)
para poner en marcha el embrión del proceso de paz, y, no
se olvide, ausencia de atentados personales por parte de ETA
(que asesinó al responsable del PP de Aragón en plena campaña
del 2001). Si a eso sumamos la publicidad gratis que ha tenido
en la campaña, la baja participación y la capacidad de movilización
de su base social, su éxito estaba cantado en función de los
casi 10 puntos en que ha aumentado la abstención. ¿O es que
alguien pensaba que quienes, por ejemplo, han logrado movilizar
alrededor de 100.000 personas en un referendum europeo, sin
posibilidad de tener su propia papeleta y para votar nulo,
se iban a quedar en casa?
El partido socialista, por su parte, ha guardado en el armario
toda su colección de "cocos", que no han aparecido
ni en un acto de campaña. Ni Bono, ni Rodríguez
Ibarra, ni el Presidente del PSOE, Manuel Chaves,
y qué decir de Rosa Díez, Nicolás Redondo, el
alcalde Ermua y otros muchos... Para colmo, Gotzone Mora
se dedica a pedir el voto para el PP, otro tanto hacía Mikel
Buesa, y un patético comunicado de la "Plataforma Basta
Ya" hacía el resto del trabajo. Patxi López y los
suyos podían respirar tranquilos, por mucho que Maria San
Gil se desgañitara en lanzarle envites a Patxi López,
la imagen de coalición virtual PP-PSOE se deshacía por momentos,
sin mencionar que el electorado vasco no ha visto ni un solo
día de campaña a los Mayor Oreja, Iturgaiz y
compañía.
Hemos vuelto a la realidad, que, lo vuelvo a decir, tampoco
ha variado prácticamente nada si se examinan las series históricas
de elecciones en Euskadi al margen del 13 de Mayo del 2001.
Vuelta a la realidad, y con ello a la hora en que la política
fina debe volver a estar en la mente de todos. El PNV y EA
no han logrado lo que pretendían, y el eterno empate sigue
sin resolverse, salvo en el supuesto de que, de una vez por
todas, Batasuna -cuyo posicionamiento, o, si se quiere, su
falta de posicionamiento, propicia aquel empate- salte total
y definitivamente a la arena política. Y yo vaticino que estamos,
precisamente, en las vísperas de ese acontecimiento. No se
lo que tardará, pero en un esquema de tregua definitiva de
ETA, lo que hoy nos parece tremendamente complicado, no lo
será tanto dentro de unos años. Es la hora de la responsabilidad.
Aprovechémosla.
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