Gorka Knörr
La hora de la responsabilidad
18/04/2005

La impresión más generalizada sobre el resultado de las elecciones en Euskadi tiende a poner el acento, y probablemente no podía ser de otra forma, sobre el corto resultado obtenido por la coalición PNV-EA con respecto a sus expectativas.

En mis conversaciones con profesionales de la información de fuera de Euskadi que han cubierto nuestra campaña electoral, siempre he subrayado que un buen resultado de la coalición dependía básicamente de que PNV-EA lograse movilizar el voto que básicamente arrancó de la abstención hace 4 años. Todo tirón a la baja en cuanto a participación representaba menores expectativas para PNV-EA y un alza de Batasuna (llamemos a las cosas por su nombre), máxime cuando a Batasuna, entre unos y otros, le han hecho la campaña gratis.

Porque, por otro lado, hay una constatación bien clara; si se elimina el efecto 13 de Mayo del 2001, el mapa electoral varía poco, muy poco en Euskadi. Solamente en una situación percibida como de emergencia nacional, se produjo una acumulación de votos "extra" para el llamado nacionalismo democrático. O, lo que es igual, en un marco en el que con una cierta normalidad se pueda hablar, entre todos, del futuro de Euskadi, de las reformas del estado, etc.., con un proceso de paz cuyas bases, a mi juicio, están puestas, y con unas conversaciones en las que puedan estar representadas todas las sensibilidades, es posible avanzar en claves de solución del conflicto vasco. Lo cual también querrá decir que en la medida en que no se apueste decididamente por esa vía, o la población pueda volver a percibir que se vuelve a las andadas, otro 13 de Mayo sería perfectamente posible.

Hoy no lo ha sido, entre otras cosas, porque también se han dado dos circunstancias, más allá de la falta de capacidad de la movilización de ese electorado del nacionalismo democrático de la que he hablado anteriormente: Batasuna ha recuperado su protagonismo y el Partido Socialista no ha asustado al electorado abertzale.

En cuanto a Batasuna, hay que subrayar el trabajo que ha venido realizando en los últimos meses, tras la apuesta de Anoeta. Mensaje de "Ahora el pueblo, ahora la paz", socialización pueblo a pueblo de su propuesta, apuesta por las vías políticas, conversaciones también discretas con el gobierno socialista) para poner en marcha el embrión del proceso de paz, y, no se olvide, ausencia de atentados personales por parte de ETA (que asesinó al responsable del PP de Aragón en plena campaña del 2001). Si a eso sumamos la publicidad gratis que ha tenido en la campaña, la baja participación y la capacidad de movilización de su base social, su éxito estaba cantado en función de los casi 10 puntos en que ha aumentado la abstención. ¿O es que alguien pensaba que quienes, por ejemplo, han logrado movilizar alrededor de 100.000 personas en un referendum europeo, sin posibilidad de tener su propia papeleta y para votar nulo, se iban a quedar en casa?

El partido socialista, por su parte, ha guardado en el armario toda su colección de "cocos", que no han aparecido ni en un acto de campaña. Ni Bono, ni Rodríguez Ibarra, ni el Presidente del PSOE, Manuel Chaves, y qué decir de Rosa Díez, Nicolás Redondo, el alcalde Ermua y otros muchos... Para colmo, Gotzone Mora se dedica a pedir el voto para el PP, otro tanto hacía Mikel Buesa, y un patético comunicado de la "Plataforma Basta Ya" hacía el resto del trabajo. Patxi López y los suyos podían respirar tranquilos, por mucho que Maria San Gil se desgañitara en lanzarle envites a Patxi López, la imagen de coalición virtual PP-PSOE se deshacía por momentos, sin mencionar que el electorado vasco no ha visto ni un solo día de campaña a los Mayor Oreja, Iturgaiz y compañía.

Hemos vuelto a la realidad, que, lo vuelvo a decir, tampoco ha variado prácticamente nada si se examinan las series históricas de elecciones en Euskadi al margen del 13 de Mayo del 2001. Vuelta a la realidad, y con ello a la hora en que la política fina debe volver a estar en la mente de todos. El PNV y EA no han logrado lo que pretendían, y el eterno empate sigue sin resolverse, salvo en el supuesto de que, de una vez por todas, Batasuna -cuyo posicionamiento, o, si se quiere, su falta de posicionamiento, propicia aquel empate- salte total y definitivamente a la arena política. Y yo vaticino que estamos, precisamente, en las vísperas de ese acontecimiento. No se lo que tardará, pero en un esquema de tregua definitiva de ETA, lo que hoy nos parece tremendamente complicado, no lo será tanto dentro de unos años. Es la hora de la responsabilidad. Aprovechémosla.