Manuel Ángel Menéndez
A zarpazos con Zetapé
11/05/2005

Mejor y mas contundente en la réplica y en la dúplica que en su intervención inicial, que ha resultado aburrida, plúmbea, difícil de soportar, de autobombo y de ausencia total de autocrítica. Zetapé ha demostrado que se revuelve en el contraataque mejor que en la lectura de los folios que lleva preparados; que puede ser incisivo y ocurrente y hasta rápido en la respuestas cuando se ve acosado o herido en su propio ego. Entonces ya no es 'Bambi', sino que se transforma en zetapé Hyde: saca las uñas y se convierte en un 'zarpapé' con peligro, si no dialéctico, sí por sus referencias al pasado de los oponentes. Pero aquí, en ese ambiente barriobajero, el nuevo 'zarpapé' se parece demasiado a Aznar. Constituye un peligro para la imagen de talante que tanto se afana en proclamar.

Ha estado rápido zetapé en el primer round con el líder de la oposición, Mariano Rajoy; el más largo duelo en el tiempo que se recuerda por estos lares parlamentarios respecto a los debates sobre el estado de la Nación: casi cuatro horas de tensión en un math ZP-Rajoy para cuyo final hay diversidad de opiniones: para los del PP ha ganado Rajoy; para los demás ha ganado Zapatero, aunque podía haber estado mejor.

Yo creo que no ha ganado ni el uno ni el otro, sino que se han posicionado de forma ya definitiva en lo que nos vamos a tener que acostumbrar a ver en la vida política nacional: crispación, ausencia de diálogo y de acuerdos entre los dos grandes partidos, incapacidad para entenderse en el futuro y puesta en peligro una reforma institucional de España -o de las 'Españas', como diría el PP- en un momento en el que se precisa mayor capacidad de comprensión para dar una respuesta real a los graves retos que se avecinan, empezando por la reforma de la Constitución.

En el debate de este miércoles se ha visto de todo: ambos han usado toda su artillería pesada, han empleado munición de grueso calibre buscando la descalificación del contrario y han tendido trampas el uno al otro que, todo hay que decirlo, le han salido mejor a zetapé que a Rajoy. Quizá porque Rajoy se ha revelado como mejor en sus intervenciones iniciales, cuando las lleva escritas y, por tanto, va más al grano, es más acerado con el contrario y se le nota demasiado que quiere 'hacer sangre'. Pero zetapé ha demostrado que es un 'trampero', que no es lo mismo que ser tramposo, pero que sí tiene una apreciable cualidad para cazar fieras en cotos cerrados.

Aún con todo, no ha habido una victoria del uno sobre el otro -en términos de renta política- porque quien pierde es el diálogo; pierde la posibilidad de llegar a acuerdos que conformen una nueva España más autonomista, más moderna, y, sobre todo, pierde -o al menos se cubre de densísimos nubarrones- la ocasión de entablar un diálogo que en el plazo de dos años -al decir de Carod-Rovira- acabe con la violencia terrorista de ETA en España.

Este miércoles, Zapatero no ha confirmado -es más, lo ha negado- que existan contactos con ETA, pero con su lenguaje deliberadamente ambiguo sí ha admitido que esa posibilidad está a la vuelta de la esquina. Y ahí las cosas, lanzó una propuesta: que de darse esa posibilidad negociadora la llevaría al Parlamento para discutirla con todos los grupos políticos y buscar el cuándo, el cómo y a qué precio se pone fin al terrorismo. La respuesta de Rajoy ha sido un zarpazo, que es lo que ha mutado a 'zarpapé': le ha respondido contundentemente que no admitirá "traicionar a los muertos". La frase es dura, pero enormemente significativa de por dónde van a ir las actuaciones políticas de aquí en adelante. No es descabellado decir que en el PP de Aznar -de sus numerosos acólitos, que los tiene, se entiende- van a tocar a rebato.

Y poco más. Porque poco cuenta que uno diga que España crece más que nunca en economía y empleo y el otro le responda que de dónde se saca esas cifras. Lo importante, más allá de la pura pelea política -el paripé, en cualquier caso, también lo han tenido que hacer Llamazares y Puigcercós y eso que son 'socios' del Gobierno-, es que ni hay habrá acuerdo en dos puntos fundamentales: la lucha contra el terrorismo -ni Rajoy ni Zapatero han dado por fenecido el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, pero ambos se han encargado de sepultarlo- y la reforma autonómica. Lo demás, son 'lindezas' que se han lanzado entre ambos y que estamos tan acostumbrados a ver en la habitual sesión de control parlamentario al Gobierno de los miércoles. Las 'gracietas' sobre a quién se pone Bush o no, o sobre quién conoce a Castro y se abraza con él o no, no son más que eso, chistes fáciles cuando nos estamos jugando lo vital y existe tanto desencuentro entre los dos partidos más grandes.