Paco Vilariño
La trampa del Plan Galicia
11/05/2005

Fácil, lo que se dice fácil, pues no. Rodríguez Zapatero no lo tiene fácil ante las andanadas, algo más que presumibles que le van a lanzar los populares a cuenta y por cuenta del 'Plan Galicia'.

En los bancos de la oposición no van a dejar pasar la ocasión de lanzarse a la yugular gubernamental por la falta de gestión de lo que, lanzado en su momento por el gabinete de José María Aznar, es un catálogo, en el mejor de los casos, de buenas intenciones, verdades a medias y proyectos a medio y largo plazo.

Y el presidente del Gobierno lo tiene francamente mal para salir airoso de un envite que, por si fuera poco, se encargó de viciar estultamente la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez. Los desplantes y los desprecios gratuitos de la susodicha sirvieron para facilitar munición de grueso calibre al Partido Popular. En la Galicia preelectoral, con Fraga entonando su último hurra, estas cosas vienen de maravilla... Y, posiblemente, al coro de debeladores del secular olvido que viven las infraestructuras gallegas, se una de todo corazón el 'bloqueiro' Francisco Rodríguez. Que lleve o no lleve razón en su alegato, es una cosa. Que intervenga en clave puramente gallega, otra. Y el representante del ala más dura del BNG, el coronel de la Unión do Povo Galego, en nombre del esencialismo (ya saben, el Gobierno central es malo y sólo la periferia, si está regida por el Bloque, es buena) va a poner también su granito de arena dialéctico en el debate. Ciertamente Rodríguez no cargará tanto las tintas como lo hará el PP, pero aún y así, las tarascadas se harán notar.

¿Tendrá presente Rodríguez Zapatero las circunstancias electorales de Galicia? ¿Entra ello en sus prioridades? ¿Es capaz de ofrecer soluciones concretas y, por tanto, creíbles a los decepcionados gallegos? Repasando lo que fuera su conferencia compostelana del pasado 29 de abril, cabe esperar que no. La inconcreción fue la tónica de quien, con su presencia ante las fuerzas vivas galaicas, estaba dando el pistoletazo de salida a la campaña.

Porque ZP no fue capaz de dar una respuesta a la costosa campaña de publicidad institucional de la Xunta fraguista que, por cierto, tan buenos dividendos dejó en la prensa local. Fue una ocasión desaprovechada. Algo recibido con alborozo por los extraño y con decepción más o menos explícita por parte de los propios y de los afines.

Alguien debería haberle explicado al jefe del Gobierno que, no ya por criterios electorales -que también- sino por un mero acto de equidad, la Galicia machacada por el naufragio del Prestige bien se merecía el esfuerzo inversor que el PP sólo prometió de boquilla. O los socialistas gallegos no supieron hacerlo o -y esto es algo más que una hipótesis de trabajo- Rodríguez Zapatero no tiene el más mínimo interés en la cuestión. Y esto es una auténtica lástima, claro. Porque, conviene recordarlo, Emilio Pérez Touriño, el hoy candidato socialista a la presidencia de la Xunta de Galicia, fue Secretario de Estado de Infraestructuras en el último Gobierno socialista. Y a él se deben los enlaces de Galicia con la meseta... (aunque con Aznar en el poder, la medalla se la colgasen los populares). Vamos, que Touriño sabe perfectamente de qué va la cosa. Y no se puede decir lo mismo, precisamente, de Magdalena Álvarez, la ministra de Fomento.