Fácil, lo que se dice fácil, pues no. Rodríguez Zapatero
no lo tiene fácil ante las andanadas, algo más que presumibles
que le van a lanzar los populares a cuenta y por cuenta del
'Plan Galicia'.
En los bancos de la oposición no van a dejar pasar la ocasión
de lanzarse a la yugular gubernamental por la falta de gestión
de lo que, lanzado en su momento por el gabinete de José
María Aznar, es un catálogo, en el mejor de los casos,
de buenas intenciones, verdades a medias y proyectos a medio
y largo plazo.
Y el presidente del Gobierno lo tiene francamente mal para
salir airoso de un envite que, por si fuera poco, se encargó
de viciar estultamente la ministra de Fomento, Magdalena
Álvarez. Los desplantes y los desprecios gratuitos de
la susodicha sirvieron para facilitar munición de grueso calibre
al Partido Popular. En la Galicia preelectoral, con Fraga
entonando su último hurra, estas cosas vienen de maravilla...
Y, posiblemente, al coro de debeladores del secular olvido
que viven las infraestructuras gallegas, se una de todo corazón
el 'bloqueiro' Francisco Rodríguez. Que lleve o no
lleve razón en su alegato, es una cosa. Que intervenga en
clave puramente gallega, otra. Y el representante del ala
más dura del BNG, el coronel de la Unión do Povo Galego, en
nombre del esencialismo (ya saben, el Gobierno central es
malo y sólo la periferia, si está regida por el Bloque, es
buena) va a poner también su granito de arena dialéctico en
el debate. Ciertamente Rodríguez no cargará tanto las tintas
como lo hará el PP, pero aún y así, las tarascadas se harán
notar.
¿Tendrá presente Rodríguez Zapatero las circunstancias electorales
de Galicia? ¿Entra ello en sus prioridades? ¿Es capaz de ofrecer
soluciones concretas y, por tanto, creíbles a los decepcionados
gallegos? Repasando lo que fuera su conferencia compostelana
del pasado 29 de abril, cabe esperar que no. La inconcreción
fue la tónica de quien, con su presencia ante las fuerzas
vivas galaicas, estaba dando el pistoletazo de salida a la
campaña.
Porque ZP no fue capaz de dar una respuesta a la costosa campaña
de publicidad institucional de la Xunta fraguista que, por
cierto, tan buenos dividendos dejó en la prensa local. Fue
una ocasión desaprovechada. Algo recibido con alborozo por
los extraño y con decepción más o menos explícita por parte
de los propios y de los afines.
Alguien debería haberle explicado al jefe del Gobierno que,
no ya por criterios electorales -que también- sino por un
mero acto de equidad, la Galicia machacada por el naufragio
del Prestige bien se merecía el esfuerzo inversor que el PP
sólo prometió de boquilla. O los socialistas gallegos no supieron
hacerlo o -y esto es algo más que una hipótesis de trabajo-
Rodríguez Zapatero no tiene el más mínimo interés en la cuestión.
Y esto es una auténtica lástima, claro. Porque, conviene recordarlo,
Emilio Pérez Touriño, el hoy candidato socialista a
la presidencia de la Xunta de Galicia, fue Secretario de Estado
de Infraestructuras en el último Gobierno socialista. Y a
él se deben los enlaces de Galicia con la meseta... (aunque
con Aznar en el poder, la medalla se la colgasen los populares).
Vamos, que Touriño sabe perfectamente de qué va la cosa. Y
no se puede decir lo mismo, precisamente, de Magdalena Álvarez,
la ministra de Fomento.
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