Mal, muy mal le han ido las cosas al Partido Popular en este
Debate del Estado de la Nación de Guiness -la verdad es que
se ha demostrado que hubiera sido mucho mejor que el presidente
Manuel Marín hubiera sido más inflexible; nos hubiéramos
ahorrado, sin perdernos nada, al menos 8 de las estas insufribles
16 horas-. Tan mal que su portavoz, Eduardo Zaplana,
ha tenido que recurrir al GAL para contraatacar. Justo lo
que hacía Aznar cuando ya había agotado todos los insultos
sin quedarse satisfecho.
La misma insatisfacción que le ha llevado a este portavoz
de brocha gorda a tirarse toda la mañana dudando sin convocaba
o no a los periodistas para tratar de contrarrestar de alguna
manera la unánime repulsa que provocaron en el resto del Congreso
de los Diputados los excesos de su jefe Rajoy en sus
intervenciones del día anterior. No se atrevió primero Zaplana
y se empleó a fondo toda la mañana en los pasillos para intoxicar
a los periodistas sobre las tramas vendepatrias y proetarras
de los socialistas gobernantes. Pero ni aún así se quedó tranquilo.
Y al final tuvo que echar el resto.
Fue justo después de que Zapatero hurgando sobre la herida
abierta -¿alguien se acuerda ya de lo de Bambi?- utilizó
el último minuto del debate para hacerse la última foto de
líder dialogante y de mano tendida frente la barbarie verbal
de Rajoy: llamada a la unidad de los demócratas frente el
terrorismo y olvido público del más grave insulto del presidente
del PP del día anterior: "Usted está traicionando a los
muertos". No hay forma más sibilina de subrayar la desmesura
del adversario que proclamar solemnemente que para él no ha
sido dicha.
En ese momento Zaplana, de motu propio o por orden de su jefe
-que despreció la intervención del portavoz socialista Rubalcaba
ausentándose del escañodando toda una muestra de falta de
talante- decidió convocar, esta vez sí, a los periodistas.
Primero una de GAL y después lo de ustedes están en el Gobierno
gracias a la tragedia del 11-M. La primera evidencia de cuando
se pierde un debate es cuando una vez esgrimidos todos los
argumentos en la tribuna hay que dar, además, una rueda de
prensa para explicarse ante la prensa. Y luego la prueba más
patética de que siguen sin aceptar los resultados de las urnas:
un año después siguen sin admitir que fue el pueblo soberano
quien les sacó del banco azul para arrojarlos a la oposición.
Es difícil saber si después de 16 horas de debate conocemos
realmente cual es el estado de la nación. Pero lo que ha quedado
muy claro es la soledad y el lamentable estado del PP.
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