Paco Vilariño
Apocalíptico Rajoy
12/05/2005
¿Hasta qué punto, en un debate sobre el Estado de la Nación, el líder del primer partido de la oposición puede permitirse el lujo ser tan apocalíptico como ayer lo fuera Mariano Rajoy? Muchos, naturalmente, dirán que hasta allá donde sus fuerzas y su ingenio se lo permitan. Otros, no necesariamente socialistas o del conglomerado de pequeños partidos que han brindado su apoyo a la investidura de Rodríguez Zapatero, dirán justamente lo contrario. Pero lo cierto es que al presidente ejecutivo (ya saben la tricefalia de los conservadores) del Partido Popular se fue por una vía que, salvo el regocijo de los hooligans de su propio grupo parlamentario, Acebes y Zaplana incluidos, pocos dividendos políticos les va a producir.

Y no es que ZP estuviese especialmente brillante en rebatir los argumentos de todos los grosores que cual balas de cañón le lanzó Rajoy. Lo que ocurre es que el pontevedrés hizo de la descalificación a ultranza, y en un tono inusualmente crispado, el leit-motiv de su intervención. Sus diatribas sonaban a aquel "¡Váyase, señor González, váyase!" con el que Aznar iniciara, en 1993, su corta marcha hacia La Moncloa.

Eso por un lado... Porque por el otro, el anverso si quieren, los venablos escasamente dialécticos de don Mariano, sonaban a pataleta por haber perdido las elecciones de aquel 14M. Y, todo hay que decirlo, con el infumable argumento de acusar al Gobierno y al grupo parlamentario que le da su apoyo, nada menos que de traicionar la memoria de las víctimas de ETA. Aquí el apocalíptico Rajoy metió el remo hasta el corvejón. Porque ni es cierto ni mucho menos justo. Hay que tener mala fe (propia o inducida por sus asesores) para decir lo que dijo y cómo lo dijo. Y escribo mala fe, porque la frase de marras, tan seria, tan fuerte, no puede ser achacada a un error o a un repentino rapto de estupidez. Aquello sonó a tremenda bofetada propinada en el rostro de la sociedad española.

Ahora sólo falta por saber si la deriva apocalíptica de Mariano Rajoy va a ser temporal o bien, una vez apagados los ecos del debate sobre el Estado de la Nación, va a tener continuidad. Porque de ser así, magras serán las ganancias políticas.

Y es que la oposición lo tiene crudísimo para actuar como tal, porque los errores del gobierno, en puridad, han sido siempre en clave menor. Y, en el peor de los casos, achacables a algunos estúpidos comportamientos ministeriales, de esos que magnificamos -estamos en nuestro derecho-los periodistas. Aunque, habría que reconocer, determinados/as ministros/as parecen instalados permanentemente en la categoría mental de los tontos/as con balcones a la calle.

Porque, al fin y a la postre, tontunas como las protagonizadas por algunos de los miembros del Gobierno paritario son perfectamente equiparables a las cometidas por sus antecesores ministeriales en los dos gobiernos de José María Aznar. Y no fueron, precisamente, los opositores socialistas los que, pese a poner a caldo a los ministros populares, los que lo hicieran en tonos tan apocalípticos como los empleados por Mariano Rajoy. Conclusión, ¿cuándo dicen que habrá movida en la cúpula del PP? Quizá, no tan indisimuladamente como pueda parecer a primera vista, en la madrileña Casa de Correos, sí la de la Puerta del Sol, alguien se está frotando sus blancas y finamente manicuradas manos.