Es costumbre norteamericana, con un sistema parlamentario
distinto, celebrar una vez al año el debate sobre "El Estado
de la Unión", con objeto de hacer una radiografía política
de situación. Felipe González, por no ser menos, instauró
el "Debate sobre el Estado de la Nación". En algunas comunidades
debaten sobre el "Estado de la Región" y, en Euzkadi, en septiembre,
el debate se llama de "Política General". Quizás en Madrid,
en correcto término parlamentario, debería denominarse el
"Debate del Estado del Estado", considerando al Estado como
la administración profesionalizada, pero cualquiera le quita
a los patriotas españoles el nombre del "Estado de la Nación",
que no deja de ser toda una ficción tan sólo consagrada en
el artículo 2 de la Constitución que, como Santiago que cerraba
España, dice: "La Constitución se fundamenta en la indisoluble
unidad de la Nación española, patria común e indivisible de
todos los españoles". Y, sin embargo, España no es una
Nación. Si lo fuera, Rajoy no le hubiera preguntado
a Zapatero tres veces durante el celebrado debate si
creía que España es una Nación. Zapatero no contestó.
Poco antes de la campaña electoral vasca, Patxi López
sacó a pasear el concepto de "Comunidad Nacional" para Euzkadi,
mientras la propia Constitución habla de unas extrañas nacionalidades,
sin decir qué son, ni para qué sirven, mientras Maragall,
define a Catalunya como Nación. Pero el caso es que el debate
número 18 de la política general española se llamó "Debate
sobre el Estado de la Nación", definición que como vascos
deberíamos adoptar para nuestros debates en el Parlamento
de Gasteiz. Define mejor de lo que se trata, aunque la mejor
descripción la hicieron unos chavales fuera del Congreso a
los que el pasado miércoles, en pleno debate, un reportero
les preguntaba sobre lo que era una Nación y, respondieron
al unísono: ¡¡Madrid!! Pues eso.
Tres afirmaciones
Del primer día del Debate hubo tres cosas que me llamaron
la atención. La primera fue cuando Zapatero le contestó a
Rajoy diciéndole que él "apoyó a ciegas toda la política
antiterrorista del gobierno Aznar". A ciegas. Incluso
dijo que le felicitó por ella. Y, ahora, él pedía la misma
reciprocidad. Una mano lava la otra. Por su parte, Pérez
Rubalcaba se lamentó de lo que habían tenido que tragar.
Sencillamente me pareció terrible, patético, profundamente
antidemocrático y la confirmación de que valió todo y sobre
todo, que Aznar lo pudo hacer porque el PSOE le apoyó "a
ciegas".
La segunda fue la intervención de Joan Puigcercós,
portavoz de ERC, cuando explicó que dijo aquello de que el
plan Ibarretxe era un entremés, porque el plano fuerte son
ellos y, sin embargo, jamás he visto ningún partido más entregado
en trabajar por la estabilidad de un gobierno en Madrid después
de declararse varias veces independentistas. "Queremos
trabajar juntos". Definió también Catalunya como Nación
y puso sus ocho votos al servicio del gobierno Zapatero. En
el Senado están en una plataforma con el PSC e IC que se llama
Entesa y que es una simple correa de transmisión del PSOE.
Y todo por cargarse a CiU, ganadora de las elecciones catalanas.
Quizás en esa piscina de tiburones hay que ser así, pero nosotros,
como PNV, jamás hicimos un discurso parecido y eso que pactamos
con el PSOE e incluso con el PP. Hay cosas que no se entienden
y eso es lo que le quita a ciertas políticas su credibilidad.
Para alfombras, las del festival de Cannes.
También se jactó Rajoy de la Constitución española en pleno
debate sobre si el heredero a la corona tiene que ser chico
o chica. Por cierto, así como con el asunto del Concierto,
que se logró poco antes del 23-F y, que de no haber sido por
el PNV, no se hubiera conseguido, hay que decir que este debate
sobre la discriminación de la mujer en la sacrosanta Constitución
española lo suscitó el Grupo Vasco en la Tribuna del Congreso
hace tres años. Fuimos los primeros.
Y no deja de tener su gracia que todos los años por diciembre
nos empalaguen con los llamados "padres" de la Constitución
que se pasean por las Universidades y los platós para ilustrarnos
sobre lo bien que lo hicieron y lo intocable del texto.
Veinticinco años después, la cuestión suscita una pregunta.
¿Cómo fue posible que en 1978, teniendo la Infanta Elena,
la hija mayor de los reyes, quince años y gobernando en Inglaterra
Isabel I y en Holanda, Juliana de Orange, estos
sesudos ponentes constitucionales españoles consagraran en
aquel texto la discriminación tan abusiva de la mujer cargándose
las posibilidades de una chica a la que quizás no le quedó
más remedio que casarse con Marichalar? Y ahora nos
viene Rajoy a ensalzar un texto propio de Arabia Saudita mientras
en lugar de organizar para el próximo mes de diciembre un
acto de recusación de aquellos chapuceros y machistas "padres
de la constitución" se aprestan a organizarles un nuevo homenaje.
¿No es todo esto patético, abusivo y propio de un país de
pandereta y poco serio? Ya de por sí, que al Jefe del Estado
se le elija por procreación y no por elección democrática,
deja mucho que desear, pero si a esto se le añade la consagración
de aquella chapuza, es como para irse a una isla desierta.
Pero España, doña Elena, es así. Y si no que se lo hubieran
preguntado a la Infanta Isabel, aquella que propició dos guerras
carlistas en el siglo XIX.
No remover el pasado
Rajoy en su intervención, en lugar de portavoz del PP, parecía
el presidente de la Fundación Francisco Franco. No sólo protestó
por la remoción de la estatua del dictador en Madrid, sino
que pidió que en el Valle de los Caídos siguiera enterrado
aquel sátrapa mientras argumentaba que no había que remover
la historia. Con sus palabras consagraba la acción del franquismo
sociológico que cuando los demás metemos el dedo en estas
cosas nos dicen que hay que mirar al futuro.
Pero mientras decía estas barbaridades que tan bien les vienen
a ellos, seguían resonando los ecos del desfile y de los discursos
de la Plaza Roja de Moscú en la celebración del sesenta aniversario
del fin de la guerra mundial con presencia de cincuenta jefes
de estado, todos menos el español, que se divertía de lo lindo
en el circuito de Montmeló, no fuera a ser que le recordaran
que quien le esponsorizó para ser rey, estuvo con Hitler
y Mussolini. Y, para que no se notara mucho, venga
darle vueltas al embarazo de la nuera de manera continua y
empalagosa, como si estuviéramos en el Nepal. Como no podía
ser menos, pregunté sobre el porqué D. Juan Carlos no estuvo
en Moscú el domingo. Un espeso silencio se abatió sobre la
pregunta políticamente incorrecta, mientras nos dicen a todas
horas que la monarquía española es la institución que goza
del máximo consenso. Estamos pues, como en los tiempos del
NODO. Censura e incienso.
"Lloramos a todas las víctimas, a los de la violencia emanada
de Alemania y a las de la violencia que volvió de Alemania,
pero Alemania no puede olvidar, no puede hacer borrón y cuenta
nueva, no puede repetir lo ocurrido, por mucho que tenga ya,
al inicio del siglo XXI buenas razones para estar orgullosa
como país", decía, en relevante discurso pronunciado en
el Reichstag el presidente alemán Horst Kohler. Pero
mientras decía esto, D. Juan Carlos hablaba de sus nietos
y se lo pasaba en grande viendo la Fórmula I.
"La Alemania reunificada reconoce su Historia". "Este monumento
recordará el más horrible de todos los crímenes del nacionalsocialismos",
aseguró el presidente del Bundestag, Wolgang Thierse,
durante el acto de inauguración del oficialmente llamado Memorial
de los Judíos asesinados en Europa. Pero mientras resonaban
estas palabras, el Valle de los Caídos sigue siendo, cerca
de Madrid, lugar de peregrinación de turistas, curiosos y
nostálgicos de una dictadura sangrienta. Y, ¿Gernika? Bien,
gracias. No me extraña que D. Juan Carlos diga que él es el
rey de España y no de Bélgica. No hace falta que lo jure.
¿A dónde vas?
"¿A dónde vas? "Manzanas traigo". Ese podía ser el
resumen del diálogo de sordos mantenido entre Erkoreka y Zapatero.
"¿Cómo va la transferencia de prisiones?" "Ibarretxe no
me lo ha pedido". "¿Y de la Seguridad Social?" "La Caja Única
es intocable". ¿Y qué hay de la "Y"?" "Yo no tengo nada que
ver con el consejero socialista Antolín". "¿Y de Babcock?"."Usted
no me ha dicho nada de la Naval y el Gobierno Vasco no ha
hecho nada". "Pero si La Naval ha sido el único astillero
que no es público". "Si, pero usted no me ha agradecido la
carga de trabajo solo para dos años". "Ya, ya. Ustedes nunca
fallan en el cierre de filas con el PP". "Oiga usted, no insulte.
No me compare con el PP, porque yo tengo talante y las formas
son el ser de las cosas. Por cierto, usted no me ha mencionado
el problema de la vivienda. Y eso que vamos a construir 1.500
en antiguos terrenos militares". "¿No le parece mejor que
no hable del fantasmagórico Ministerio de la Vivienda? Y en
relación con los terrenos de Defensa, ¿ya escuchó lo que dijo
su ministro cuando afirmó que él no se iría de Donosti porque
tiene que defender la unidad de España?..."
En fin. No me digan que aquello no parecía un diálogo con
Cantinflas, y no por culpa de Erkoreka, que ponía el dedo
en la llaga, sino porque Zapatero no contestó a nada, hacía
juegos malabares con las palabras y como él tiene la última,
cierra los debates y tiene a todos los medios en el bolsillo,
era imposible lograr el menor compromiso. Eso sí. Dijo que
el tono de Erkoreka la había gustado. Pero salvo a Rajoy,
se lo dijo a todos.
Sin embargo, a Zapatero no le gustó un pelo, y se le notó,
que le comparase con el PP. Es normal. Lo suyo es el marketing,
y esa comparación, para un progre como él, no es de buen gusto.
Y, sin embargo, Aznar, haciendo lo mismo era mucho más directo
y sincero. Nada. Como venimos diciendo. Aquello fue el Frontón
de San Jerónimo. Y, a seguir pagando, dos veces, la barra
de pan.
Aldaketa
En Madrid o das una conferencia o te la dan. O te dan un premio,
o lo das. Bueno, pues el martes, el editor Manuel Domínguez
y el Director de Cambio 16 nos invitaron a la entrega de "Los
Mejores de Cambio 16-2004". Generalmente no solemos acudir
a este tipo de actos, pero basta que entre los premiados estuviera
ETB, como televisión autonómica y a ETB en Madrid
lo único que le dan son palos, allí nos fuimos.
Tuvimos que soportar un largísimo discurso del editor que
creyéndose Zapatero en el debate del estado del Estado, nos
dio varias lecciones de urbanidad, ética, tolerancia y pluralismo,
donde no podía faltar la crítica al nacionalismo vasco gobernante.
Posteriormente, llegaron los premios.
Andoni Ortúzar, cuando recogió el suyo, no se cortó
un pelo y rechazó valientemente los mil topicazos que se dicen
sobre la televisión pública vasca. Tenía aquello especial
valor porque era dicho a cien metros de la Puerta del Sol.
Luego vinieron otros premios, salpimentados, a muchísima gente.
Pero los políticos eran estos: "Hombre del Año": José
Luis Rodríguez Zapatero; "Mujer del Año": María
Teresa Fernández de la Vega; "Político del Año":
Patxi López; "Institución": Javier Rojo;
"Ministros": Magdalena Álvarez y José Bono;
"Valores Humanos y Solidaridad": Leire Pajín y
Jesús Caldera; "Joven Promesa": Pedro Zerolo.
Todos del PSOE. Todos. Contrasta esta actuación, legítima,
pero sectaria, con todas las prédicas que nos hace Gorka
Landaburu en Radio Euzkadi y ETB a cuenta
de su "Aldaketa" y de lo que significaría en tolerancia que
gobernara el socialismo vasco. Sin embargo, el gobernante
nacionalismo para que a alguien del PNV le den un premio tiene
que estar a punto de irse al otro barrio. Ya vemos en qué
consiste el "Cambio" cuando los socialistas tienen la oportunidad
de premiar. ¡Que Dios nos coja confesados!
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