Julia Navarro
Las víctimas
17/05/2005
Nuestra sociedad está enferma. Lo está ¿de qué otra manera se puede entender que un grupo de niños, de entre 12 y 13 años, hayan sometido a vejaciones sexuales a otros niños, aún más pequeños?. Algo estamos haciendo mal todos. Y todos somos desde los padres, a los medios de comunicación, al Gobierno, a la Administración de Justicia, etc.

Hace unos días se juzgaba el caso Jokin, aquel adolescente que terminó suicidándose porque no soportaba más el acoso de sus compañeros de clase. Ahora, nos encontramos con este terrible suceso que tiene lugar en un colegio del barrio de Entrevías de Madrid.

Será la Fiscalía de Menores quien determine qué hacer con esos aprendices de monstruos que obligaban a niños de seis y siete años a hacer felaciones, chupar la suela de los zapatos y tocamientos varios. ¿Qué hará la Fiscalía de Menores?. Pues seguramente dirá que poco puede hacer puesto que estos monstruitos no han cumplido catorce años. Luego, los psicólogos de la Fiscalía, pueden considerar que, como hay que "recuperar" a los agresores, lo mejor es que continúen conviviendo con las víctimas. Y así nos podemos encontrar que esos niños a los que han vejado tendrán que seguir encontrándose todos los días con sus vejadores, por el bien de éstos, sin que nadie piense en el horror que puede suponer para los pequeños tener que seguir soportando el ver a quién tanto daño les ha hecho.

Pero la ley es la ley y como nadie parece interesado en cambiarla, las víctimas corren con la peor parte. De manera que a los monstruitos que han vejado a niños más pequeños les pueden castigar con unos días de expulsión de clase y poco más. Luego todo deberá seguir igual. O sea, una injusticia, una bofetada para las víctimas. Es como si a una violada le hicieran tomar café a diario con su violador para ver si éste se regenera.

El Ministerio de Educación ha firmado un convenio con las Comunidades Autónomas para ayudar a aquellos centros que en las distintas comunidades tengan más problemas. La iniciativa está bien, pero no es suficiente. Lo que hay que revisar es la Ley del Menor y proteger a las víctimas, no someter a los niños agredidos al horror de tener que encontrarse a diario con sus torturadores. Lo que también hay que hacer es devolver cuanto antes la autoridad a profesores y directores de los centros, una autoridad que se les ha arrebatado en sustitución de la nada.

Y ojo, lo que ha pasado en ese colegio de una barriada popular madrileña, también pasa en carísimos y exclusivos colegios privados. Por eso digo que la sociedad está enferma y que algo estamos haciendo mal.

¿Qué pensarán los padres de esos adolescentes que han sido capaces de torturar a niños más pequeños? ¿Qué pautas morales les están dando? ¿Qué pautas morales les está dando la sociedad?. Noticias como ésta provocan una profunda náusea.