Nuestra
sociedad está enferma. Lo está ¿de qué otra manera se puede
entender que un grupo de niños, de entre 12 y 13 años, hayan
sometido a vejaciones sexuales a otros niños, aún más pequeños?.
Algo estamos haciendo mal todos. Y todos somos desde los padres,
a los medios de comunicación, al Gobierno, a la Administración
de Justicia, etc.
Hace unos días se juzgaba el caso Jokin, aquel adolescente
que terminó suicidándose porque no soportaba más el acoso
de sus compañeros de clase. Ahora, nos encontramos con este
terrible suceso que tiene lugar en un colegio del barrio de
Entrevías de Madrid.
Será la Fiscalía de Menores quien determine qué hacer con
esos aprendices de monstruos que obligaban a niños de seis
y siete años a hacer felaciones, chupar la suela de los zapatos
y tocamientos varios. ¿Qué hará la Fiscalía de Menores?. Pues
seguramente dirá que poco puede hacer puesto que estos monstruitos
no han cumplido catorce años. Luego, los psicólogos de la
Fiscalía, pueden considerar que, como hay que "recuperar"
a los agresores, lo mejor es que continúen conviviendo con
las víctimas. Y así nos podemos encontrar que esos niños a
los que han vejado tendrán que seguir encontrándose todos
los días con sus vejadores, por el bien de éstos, sin que
nadie piense en el horror que puede suponer para los pequeños
tener que seguir soportando el ver a quién tanto daño les
ha hecho.
Pero la ley es la ley y como nadie parece interesado en cambiarla,
las víctimas corren con la peor parte. De manera que a los
monstruitos que han vejado a niños más pequeños les pueden
castigar con unos días de expulsión de clase y poco más. Luego
todo deberá seguir igual. O sea, una injusticia, una bofetada
para las víctimas. Es como si a una violada le hicieran tomar
café a diario con su violador para ver si éste se regenera.
El Ministerio de Educación ha firmado un convenio con las
Comunidades Autónomas para ayudar a aquellos centros que en
las distintas comunidades tengan más problemas. La iniciativa
está bien, pero no es suficiente. Lo que hay que revisar es
la Ley del Menor y proteger a las víctimas, no someter a los
niños agredidos al horror de tener que encontrarse a diario
con sus torturadores. Lo que también hay que hacer es devolver
cuanto antes la autoridad a profesores y directores de los
centros, una autoridad que se les ha arrebatado en sustitución
de la nada.
Y ojo, lo que ha pasado en ese colegio de una barriada popular
madrileña, también pasa en carísimos y exclusivos colegios
privados. Por eso digo que la sociedad está enferma y que
algo estamos haciendo mal.
¿Qué pensarán los padres de esos adolescentes que han sido
capaces de torturar a niños más pequeños? ¿Qué pautas morales
les están dando? ¿Qué pautas morales les está dando la sociedad?.
Noticias como ésta provocan una profunda náusea. |