Pocas cosas hay que apesten tanto, en la política de este momento, como la
fanfarria de la que hacen gala la mayor parte de nuestros "soit-disant"
líderes. Y no me refiero sólo a los políticos, aunque fundamentalmente pienso
en ellos. ¿Habrá algo más estúpido que ponerse sobre la cabeza una corona de espinas,
como hizo Carod Rovira nada menos que en las tierras que supuestamente
pisó Jesucristo, y que a un honorable "president" de Catalunya le
haga gracia hasta el punto de echar mano a la compacta para hacerle una foto?
Lo de Carod fue algo más que una simpleza y lo de Maragall me inclino a
pensar que su afición fotográfica le viene de familia. Todavía me acuerdo de cómo
le perseguía su mujer, armada con cámara de video, para inmortalizar todos y cada
uno de los momentos históricos que vivió el entonces alcalde Barcelona, en Lausana,
cuando el Comité Olímpico Internacional designó a su ciudad sede de los Juegos
que se celebraron en 1992. Con una camarógrafa y un fotógrafo juntos, imagínese
el lector la colección de instantes irrepetibles, como el de la corona de espinas
de Carod, que debe haber en casa del descendiente del "Cant espiritual".
En realidad no sé si, tanto a uno como al otro, estas cosas se les ocurren así,
sobre la marcha, o más bien forman parte de una calculada táctica de "épater
le bourgeois" para que se hable de ellos aunque sea mal. Desconozco también
cual puede ser la razón de que, en sus bien lubricados equipos de asesoramiento,
no haya nadie capaz de conseguir que ni Maragall ni Rovira hagan el ridículo de
esta manera. Para un juego de niños, la dichosa fotito podría pasar, pero la sesión
resulta patética teniendo como protagonistas a dos padres de la patria (catalana,of
course!).
Pero bueno, ¿Y la fanfarria de la fanfarria? Porque esta
es otra. Mea fuera del tiesto Carod y estornuda Maragall, y parece que se acatarra
toda España con su rocío. Como si los que tenemos que hacer la declaración de
la renta no tuviéramos otra cosa más importante, o los que no tienen que hacerla
-porque no saben dónde carajo encontrar renta alguna- estuviéramos colgados de
la percha de ese tal amante de las espinas, profanador de coronas o no sé que
cosa. Pluma en ristre, como hace con la cámara de video la mujer de Maragall,
más de media mitad de la cohorte de columnistas y asimilados, hala, a dar caña
a los "separatistas" catalanes (el que firma incluido).
Si el de
la corona, un tal Jesucristo, levantara la cabeza seguramente nos diría a todos
que tampoco "yé pa ponese así". Bueno, esto en el caso de que Cristo
fuera asturiano, que por ahora no hay peligro de que lo fuera, pero quien sabe,
a lo mejor doña Letizia nos sale un día con una tesis doctoral sobre la
materia. Después de todo, los huesos de uno de sus apóstoles predilectos acabaron
en Santiago, según dicen, y algunos creen que, subido a su caballo blanco, le
ayudó a matar moros a Pelayo. ¡Ay si, además de Jesucristo, levantara la
cabeza Prisciliano! |