Perfecto Conde
La arruga ya no es bella
30/05/2005
La arruga fue bella cuando le convino al mercadeo de
Adolfo Domínguez
, pero ha dejado de serlo. Ahora se lleva el lifting reparador de la piel de la cara y del cuello que el paso del tiempo han marchitado, arrugado y hundido hasta límites insoportables. También el planchado que asienta y da brillo a las prendas con las que suelen vestirse las personas que no temen traspasar el límite de lo lechuguino y gomoso. Luego, por encima de todo esto, está la elegancia, pero esa es otra cosa.
Además, el lifting ha dejado de ser patrimonio de la cirugía facial y, como tantas otras cosas, ha pasado a ser una técnica más de las herramientas informáticas con la que trabajan demasiado a menudo los gurus de la imaginería política.
Manuel Fraga
es, sin duda, el paradigma de este uso interesado y pertinaz de la nueva cirugía reparadora que trata de actualizar el pacto de Mefistófeles valiéndose del Photoshop. Pero el trasiego facial tiene sus inconvenientes. Sobre todo cuando hay que dar la cara. De poco vale que el alquimista de turno vuelva guapo, joven y hasta sabio a
Johann Fausten
si éste ha de comparecer luego en el ágora como siempre. Ni más ni menos, esto es lo que le pasó a Fraga cuando tuvo que aguantar, a pie de obra, las largas horas que duró la exhibición de costumbrismo que realizó su partido en el compostelano monte del Gozo, que este año puede resultar de su antónimo, en la Romería que tuvo lugar el sábado pasado.
Por primera vez desde que el Partido Popular empezó a celebrar la romería que inspiró
Xosé Cuíña
en sus buenos tiempos y que transcurrió durante los primeros años en el monte Faro, cerca de Lalín, esta vez Fraga escamoteó la presencia continua de los fotógrafos de prensa, a los que la organización de la fiesta recluyó en un corralito ad hoc, a espaldas del gran timonel, sin duda para que no pudieran captar en toda su amplitud los desalientos de un hombre que se aferra al poder y quiere a dar su último paso con las botas puestas.
Fraga es de lo que saben que la arruga no es bella y que su cara ya no soporta una nikon a corta distancia ni el 300 milímetros de frente, y por eso mandó que mandaran a los fotógrafos para atrás, lo cual pudo haber tenido su peligro si los chicos de la prensa se dedicaran a fotografiar los centenares de paisanos que pasaron de los discursos y corrieron a protegerse del sol entrando en las carpas donde, además, había mesas cargadas de empanada, fanta y vino peleón.
En fin, ante una consulta electoral tan reñida como la que tienen en ciernes los gallegos, bien vale que se actualice la leyenda alemana. Si el Fausto de Goethe sólo se redime por el amor, ¿quién salvará a Fraga si Galicia se niega esta vez a hacer de Margarita?
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