Paco Vilariño
La poco gozosa empanada
de Mariano Rajoy
30/05/2005

Y a estas que Mariano se subió al escenario y se deshizo en loas al Gran Timonel Galaico, al que calificó de "un hombre necesario para Galicia", mientras la hinchada popular, sin distinciones aparentes entre las diferentes y enfrentadas familias, soltaba más aplausos y más vítores que en una boda.

Eran 20.000 los forofos que, a bordo de casi medio millar de autocares (¿quién paga el festejo?) y algo así como dos mil vehículos particulares, acudieron en la mañana de hoy al compostelano Monte do Gozo, obligada parada -la última-de los peregrinos jacobeos antes de entonar la postrera ¡Ultreya!, no se sabe si encelados por el respaldo a Manuel Fraga, el octogenario líder (indiscutible en público y muy discutido en privado) o por el subsiguiente reparto de raciones de empanada y vasos de peleón vino de la tierra. O por una mezcla de ambas cosas a la vez.

No conviene ser cruel, porque reunir a veinte mil gallegos, un sábado de mayo de calorcito playero, tiene su mérito. Pero claro, la organización había previsto la llegada de 30.000. O sea, que les falló la tercera parte, porque la aritmética no miente. ¿Un revés de Marianito Rajoy? Según se mire, porque siete días antes, sin más figurones que los autóctonos, en la localidad pontevedresa de Silleda, Fraga había logrado reunir a 23.000 asistentes (cifra en la que coincidimos tanto la organización como la canallesca). O sea, que tres mil de mis paisanos y paisanas, confían más en el provecto Gran Timonel Galaico que en el presidente corriente del Partido Popular. Y eso que, en ambos casos, había empanada para todos.

No era la única empanada. Porque Rajoy, en su discurso, aparte de calificar al socialista Pérez Touriño de "chico de los recados de Zapatero", enseñó de qué estaba hecha la suya, al mentar la bicha del Plan Galicia, la gran reivindicación de los populares gallegos (y eso que los incumplimientos y las vaciedades del proyecto salieron del gobierno de Aznar), como si en doce meses el Gobierno paritario de Rodríguez Zapatero pudiese paliar el desaguisado.

Claro que a Mariano le habían dado los ingredientes de su empanada medidos, tasados y pesados. Había que hacer varios gestos en clave gallega, reforzando y apuntalando el liderazgo de Fraga, pero, además, (esta es la madre del ternero, porque estamos en Galicia) debía animar a la parroquia pepera del resto de España, algo mustia, aunque expectante ante lo que, vayan ustedes a saber por qué, en la calle Génova consideran la prueba crucial para sus futuras aspiraciones en unas elecciones generales. Y no parece que crear las falsas expectativas de que San Caetano (la sede del Gobierno gallego) sea, precisamente, una nueva Covadonga desde la que iniciar la reconquista de La Moncloa.

Los asistentes a la romería, con eso de que todo era gratis total, sin embargo, no tuvieron escrúpulo ninguno en embaularse sus correspondientes raciones de empanada revenida. La que, desde el escenario, les sirvió Rajoy ante la complacida mirada del Gran Timonel Galaico, y la que repartió la organización. Quizá fuera -rindamos tributo al gran Álvaro Cunqueiro- por las hambres atrasadas que secularmente arrastramos los gallegos.