Y a estas que Mariano se subió al escenario y se deshizo
en loas al Gran Timonel Galaico, al que calificó de "un
hombre necesario para Galicia", mientras la hinchada popular,
sin distinciones aparentes entre las diferentes y enfrentadas
familias, soltaba más aplausos y más vítores que en una boda.
Eran 20.000 los forofos que, a bordo de casi medio millar
de autocares (¿quién paga el festejo?) y algo así como dos
mil vehículos particulares, acudieron en la mañana de hoy
al compostelano Monte do Gozo, obligada parada -la última-de
los peregrinos jacobeos antes de entonar la postrera ¡Ultreya!,
no se sabe si encelados por el respaldo a Manuel Fraga,
el octogenario líder (indiscutible en público y muy discutido
en privado) o por el subsiguiente reparto de raciones de empanada
y vasos de peleón vino de la tierra. O por una mezcla de ambas
cosas a la vez.
No conviene ser cruel, porque reunir a veinte mil gallegos,
un sábado de mayo de calorcito playero, tiene su mérito. Pero
claro, la organización había previsto la llegada de 30.000.
O sea, que les falló la tercera parte, porque la aritmética
no miente. ¿Un revés de Marianito Rajoy? Según se mire, porque
siete días antes, sin más figurones que los autóctonos, en
la localidad pontevedresa de Silleda, Fraga había logrado
reunir a 23.000 asistentes (cifra en la que coincidimos tanto
la organización como la canallesca). O sea, que tres mil de
mis paisanos y paisanas, confían más en el provecto Gran Timonel
Galaico que en el presidente corriente del Partido Popular.
Y eso que, en ambos casos, había empanada para todos.
No era la única empanada. Porque Rajoy, en su discurso, aparte
de calificar al socialista Pérez Touriño de "chico
de los recados de Zapatero", enseñó de qué estaba
hecha la suya, al mentar la bicha del Plan Galicia, la gran
reivindicación de los populares gallegos (y eso que los incumplimientos
y las vaciedades del proyecto salieron del gobierno de Aznar),
como si en doce meses el Gobierno paritario de Rodríguez Zapatero
pudiese paliar el desaguisado.
Claro que a Mariano le habían dado los ingredientes de su
empanada medidos, tasados y pesados. Había que hacer varios
gestos en clave gallega, reforzando y apuntalando el liderazgo
de Fraga, pero, además, (esta es la madre del ternero, porque
estamos en Galicia) debía animar a la parroquia pepera del
resto de España, algo mustia, aunque expectante ante lo que,
vayan ustedes a saber por qué, en la calle Génova consideran
la prueba crucial para sus futuras aspiraciones en unas elecciones
generales. Y no parece que crear las falsas expectativas de
que San Caetano (la sede del Gobierno gallego) sea, precisamente,
una nueva Covadonga desde la que iniciar la reconquista de
La Moncloa.
Los asistentes a la romería, con eso de que todo era gratis
total, sin embargo, no tuvieron escrúpulo ninguno en embaularse
sus correspondientes raciones de empanada revenida. La que,
desde el escenario, les sirvió Rajoy ante la complacida mirada
del Gran Timonel Galaico, y la que repartió la organización.
Quizá fuera -rindamos tributo al gran Álvaro Cunqueiro-
por las hambres atrasadas que secularmente arrastramos los
gallegos.
|