Federico Cocho
La tercera vía gallega
06/06/2005

En las propias filas socialistas sorprendió en su día que Zapatero explicítase, durante el reciente debate sobre el estado de la nación, la intención del PSOE de formar una mayoría de izquierdas en Galicia con el Bloque Nacionalista Galego. En caso de que Fraga no obtenga la mayoría absoluta, se entiende. A semanas vista de las elecciones, parecía transgredir una norma básica de estrategia electoral.

Sin embargo, en Galicia se hizo una lectura interna de aquella puesta en escena en el Congreso. La dirección socialista estaría remitiendo un mensaje de consumo interno más que externo. Se trataría de frenar cualquier tipo de especulación interna sobre cualquier otra opción de pacto post-electoral.

Y es que el alcalde de A Coruña, Francisco Vázquez, había dejado caer en declaraciones públicas que hay otras opciones que no pasan por el pacto de gobierno con sus odiados nacionalistas. Su tesis es que la derrota del PP provocará una fractura interna en la derecha y el PSOE podría pactar para gobernar con una de las facciones resultantes: la de línea galleguista (Baltar, Cuiña). Vázquez repitió ante Iñaki Gabilondo esta tesis. El editorial de El País del sábado también mencionaba posibles roturas internas en el PP "que podrían abrir posibilidades de gobernación ahora inéditas", aunque considere la coalición PSOE-Bloque como la única realista.

Es la única realista, en efecto. Por más que la idea del pacto con un sector del PP sea muy del agrado de la banca y el empresariado más influyentes en Galicia, resultaría más que complicado explicar al electorado socialista un acuerdo de este tipo. Porque quien vota PSOE sabe que su partido va a pactar con los nacionalistas y no la idea no le asusta.

Socialistas y nacionalistas gobiernan en coalición desde hace años en ayuntamientos y diputaciones con resultados variopintos. En unos muy bien, en otros regular y en algunos mal. Si Fraga no gana, lo lógico y natural es que la izquierda gobierne conjuntamente. Hablar en términos de chantaje (nacionalista), hipotecas (nacionalistas) o peajes (nacionalistas) es, como mínimo, antidemocrático y no responde al estado de ánimo de la opinión pública gallega. No hay tercera vía posible.