Perfecto Conde
Cachelos y castañas con lehe
09/06/2005

Es evidente que las campañas electorales son lo que son y están para lo que están. Sin olvidar, desde luego, que son herramientas básicas del ejercicio de la democracia, una buena parte de su energía es dilapidada por los partidos en puro mercadeo político y en el ejercicio más descarado de la demagogia. Siendo como es la campaña gallega la más importante que han tenido hasta ahora los hijos del dios Breogán, resultaría difícil y hasta imposible imaginar que Fraga se comportase como un teacher de Oxford, Touriño como un matemático de la Sorbona y Quintana como un Séneca estoico de la Gallaecia.

No hay más que ver y, sobre todo, oír al recandidato popular desgañitarse en su propósito tenebroso de amedrentar al personal con la idea de que, si él no vuelve a gobernar, Galicia será pasto del terrorismo, rehén de la inexperiencia y hasta objeto de la incuria y de la estulticia de sus adversarios, que esta vez non son otros que Touriño y Quintana. Hay que tener la más cara dura intelectual y política para sostener, como Fraga sostiene, que los gobiernos que él presidió durante los últimos dieciséis años son los que libraron a los gallegos de comer cachelos y cenar castañas con leche. Y esto lo dice el hombre que quiso ser del bombín sin que pase nada. Sin que se levante contra él la memoria ofendida de un pueblo que luchó por su sobrevivencia y por su desarrollo como sólo supieron hacerlo los pueblos elegidos.

Pero no es sólo Fraga el que violenta la verdad, exagera las medias mentiras o promete el oro y el moro. Al fin y al cabo, se trata de vender todo el género posible y cada tendero ha de montar su armadillo. Pérez Touriño lo hizo prometiendo trasladar la Consejería de Pesca a Vigo y, lejos de arredarse cuando las críticas empezaron a lloverle, mantuvo su palabra diciendo que se trataría de una medida excepcional.

A medida que el 19-J se acerca, Anxo Quintana también se va sumando a la corte de los milagros. Empezó diciendo que va a suprimir mil altos cargos de la Xunta para destinar a fines educativos el presupuesto derivado. ¿Tantos miles de altos cargos hay en la Xunta como para que se pueda suprimir mil de un plumazo? Si esto es así, ¿cómo es que su formación política no puso antes la voz en el cielo parlamentario?

Acto seguido, Quintana pasó a anunciar que suprimirá la consejería de Agricultura para sustituirla por una de Medio Rural. Hombre, ahora que estábamos pensando que Galicia, además de estar despoblándose ruralmente, andaba camino de modernizarse en el cultivo del campo, que es lo que al fin y al cabo viene significar la ilustrada palabra agricultura, el que defenestró a Beiras nos dice que hay mudar tanto que hasta hay que cambiar el nombre de una consejería. ¿No bastaría con actualizarla y volverla realmente eficaz y acorde con los tiempos? En fin, en una campaña hay que hablar de lo que sea. Y, sobre todo, hablar mucho.

Por ejemplo, ahí están Touriño hablando de que hay que crear el Instituto Rosalía de Castro, una especie de Cervantes a la gallega, para difunfir la cultura autóctona por todo el mundo. Y ahí está Quintana proclamando el futuro Insitituto Castelao para lo mismo. Si realmente llegan a gobernar juntos, ¿cómo habrá de llamarse el neonato? ¿Sabrán Touriño y Quintana casar a Rosalía con Castelao?

Podríamos hablar también de como va a denominar el gobierno alternativo de coalición -¿o es que algún iluminado cree que puede haber más mayorías únicas que la hipotética de Fraga?- a la futura Xunta. ¿Será Xunta de Galicia o de Galiza? Porque se da la circunstancia de que el PSOE es partidario de la primera denominación y el BNG de la segunda. Podría hacerse como en enología, las varietales, o sea. Por variedad que no quede. De todos modos, bueno será que los gallegos cambiemos de una vez. Il n'y a que les imbéciles que ne changent pas, dicen los franceses. Luego ya nos llegará a todos el tiempo de la palinodia, si hace falta.