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El cambio gallego ya está aquí. Está aquí desde hace ya
bastante tiempo, como se manifestó en la reacción cívica,
admirable, de defensa del país que la sociedad gallega protagonizó
durante los sucesos del Prestige. Está aquí para quedarse.
Está aquí para que después del 19 de Junio Galiza comience
a ocupar el lugar que le corresponde en el Estado. El cambio
o será gallego o no será. Gallego porque responderá a las
necesidades del país. Gallego porque no será un cambio de
quítate tú para que me ponga yo. Gallego porque será un
cambio de políticos, pero sobre todo un cambio de políticas.
Políticas para situar a Galiza en el mapa. Políticas para
la regeneración democrática, para devolver las instituciones
a la gente. Políticas para mejorar las condiciones de vida
de la mayoría social. Políticas para ir hacia un mayor autogobierno,
desde nuestra convicción, que también es ampliamente mayoritaria
en la sociedad, de que a mayor autogobierno, mayor bienestar.
¿Cuál es el principal problema de Galiza en la política
del Estado? Su invisibilidad. Galiza no existe a los ojos
de las élites que gobiernan en Madrid. Y no existe no sólo
por la miopía del Gobierno central, si no porque hasta ahora
el Gobierno gallego ha venido siendo ocupado por un partido
que sencillamente no cree en el país. Y si no crees en tu
país es muy difícil que consigas que aparezca, que se haga
presente.
El cambio gallego consistirá, pues, en hacer emerger la
nación, en colocarla donde le corresponde. Sin mimetismos.
Con nuestra propia personalidad. Con nuestro estilo. Pero
donde le corresponde: junto a las otras naciones del Estado,
Euskadi y Catalunya. El PP recurre a la bandera del miedo
para frenar el cambio gallego, sin recordar la máxima de
que los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía. ¿Miedo
a qué? ¿Miedo a que Galiza sea ella misma? El miedo del
PP y de Fraga se explica sencillamente porque le
tienen pánico a la democracia, le tienen pánico a que una
nueva generación, que sí cree en el país, ponga en valor
todos nuestros recursos y defienda todos nuestros derechos.
Galiza quiere participar en la construcción de un Estado
plurinacional. El cambio gallego es un cambio para la convivencia
dentro del Estado.
Pero para convivir en pie de igualdad. Mi compromiso como
presidente es el de trabajar solidariamente con el resto
de las naciones y territorios para hacer de este Estado
un Estado más confortable para todos, un Estado con más
derechos para sus pueblos y sus ciudadanos, un Estado más
democrático, más social y más avanzado. Desde el Gobierno,
colaboraré lealmente con las instituciones del Estado siempre
y cuando se tenga una actitud de mínimo respeto con nuestro
país. De lo contrario, seré un opositor firme, en defensa
de nuestros legítimos intereses.
Nadie debe temer a una Galiza nueva, a una Galiza fuerte.
El Estado debe ver en una Galiza fuerte la mejor garantía
de que entre todos caminaremos hacia un Estado más democrático
y, por tanto, más justo y habitable. Y una Galiza fuerte,
que se haga respetar, es la mejor garantía de bienestar
para quien en ella vivimos. Eso es el nacionalismo gallego:
un proyecto al servicio de la ciudadanía. Un proyecto que
no acepta órdenes de Madrid. Un proyecto que sólo acepta
órdenes de los ciudadanos y de las ciudadanas del país.
* Anxo Quintana es candidato del BNG a la presidencia
del Gobierno de Galicia
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