Fernando Reinlein
Este país ha cambiado
14/06/2005
La jerarquía eclesiástica española se ha lanzado a la calle con el colchón inapreciable del PP. Más bien habría que decir que se han envuelto peperos y obispos, los unos con los otros, para seguir acosando a un Gobierno que no se deja provocar, aunque no oculta superocupación ante este viejo "matrimonio" entre la derecha más rancia y sus líderes con los hombres de sotana de lujo.

Ahora que se habla y se escribe tanto sobre la II República, cabe recordar que, en los primeros años, el Gobierno republicano puso en marcha una serie de leyes, legislación moderna y necesaria, pero que suponían auténticas putadas para la jerarquía eclesiástica. La Iglesia intrigó todo lo que pudo pero no recuerdo que organizase ninguna manifestación contra el Gobierno, como han hecho los purpurados actuales.

Vamos de manifestación en manifestación organizadas, apoyadas o alentadas por los líderes de la derecha más rancia con estrategias que nada tienen que ver con los motivos de las concentraciones. Ahí están las elecciones gallegas. Pero como le han tomado el gusto, habrá más. Esto entraña un peligro y, ya que hemos hablado de la II República, hay que recordar también que entonces, con la intransigencia de unos y otros en el horizonte, el debate político estaba en la calle. A una manifestación de la derecha, la izquierda respondía con otra. Y viceversa. Con todos los riesgos que ello suponía, como quedó demostrado.

Ahora algunos pretenden ir por ese peligroso camino de nuevo, pero resulta que, mientras esos líderes rancios parecen ser copia de aquellos de hace años, el país, por suerte y por madurez, ha cambiado y no es de esperar que la desestabilización que se busca llegue a buen fin. Es más, al centro social no le gustan estas piruetas, les disgusta el maximalismo y hasta temen según que soflamas demagógicas. Y en la aritmética electoral, eso se vuelve con quienes creen lo contrario.

Primero fue la utilización de las víctimas del terrorismo. Ahí, es de justicia, criticar las palabras de Zapatero en relación con que las víctimas estaban muertas. Eso es una falacia, pues, no solamente los heridos y los familiares son víctimas del terrorismo. Lo somos todos en mayor o menor medida, desde este momento o potenciales, pero lo somos.

Se ha hablado tanto de esto, que los argumentos, a estas alturas, sobran para calificar de repugnante la utilización, no ya política, sino partidista de las víctimas. Hay quienes tratan todavía de sembrar odios con las medias mentiras. Pero este país ha cambiado.

Luego vino lo del Archivo de Salamanca y su correspondiente manifestación. Esperanza Aguirre, cuando era ministra de Cultura, dijo que la documentación solicitada por la Generalitat sería devuelta cuando y cómo decidieran los historiadores y los expertos. Es lo que se ha decidido hoy. La presidenta madrileña estaba en la manifestación. Sin comentarios.

Dicen que es un expolio. Hubo expolio, cierto, pero este se perpetró hace más de sesenta años por el régimen franquista, no ahora. Por cierto, carteles como el de "Carod al paredón" recuerdan también el lenguaje falangista de la época. Pero este país ha cambiado.

Y el sábado, los curas. O al menos algunos curas, envueltos como digo en el manto del PP, salen a la calle contra el gobierno porque no están de acuerdo con el matrimonio de homosexuales. La Iglesia no reconoce el matrimonio civil como único matrimonio. Entonces, ¿ Qué más les da? ¿Acaso la Ley les obliga a que casen gays por la Iglesia? Por cierto ¿Irán con sotana?

No defienden valores sociales, defienden intereses de poder y no les importa en absoluto participar en esta siembra de odios y rencores. Un tertuliano radiofónico, que se autodefinió como católico practicante, calificó la convocatoria de "blasfema" y muy alejada de lo que se desprende de los evangelios. Claro que también he escuchado a otros tertulianos que esta Ley la ha sacado adelante Zapatero para poder mirar a los ojos a los homosexuales de su partido. ¿Es posible llegar a semejante estúpido desatino? Lo es.

Después del sábado, asistiremos de nuevo a una guerra de cifras, a más mentiras y más medias verdades - la peor de las mentiras - para sembrar el cabreo generalizado. Pero parece ser que esa estrategia se disolverá en su propio fango. Porque algunos siguen en sus trece, pero este país, ha cambiado.