Perfecto Conde
La parrilla de las vulgaridades
15/06/2005

Tengo un amigo que dice que esta vez Fraga no gana ni harto de Albariño, y que ya es hora de que Galicia empiece a ser gobernada por gente normal. Como si Fraga, Rajoy, Baltar o Cuíña no fueran normales. "Yo no digo eso -explica mi amigo-. Lo que digo es que, en los tiempos que corren, es bueno que la gente del común se vea reflejada en el gobierno por personas que son como somos la mayoría, normales y corrientes".

Hay que reconocer que es una idea muy extendida y que, en buena medida, ha sido explotada hasta la extenuación por los cerebros grises de las campañas de los distintos partidos que compiten en las urnas del próximo domingo en Galicia. Lejos de una hoguera de las vanidades, lo que han encendido esta vez los políticos gallegos es una parrilla de vulgaridades, dicho sea en el más estricto sentido de la palabra. Una costilla de cordero por aquí, un choricillo por allá y un chinchulillo por acullá, eso si, con sal gorda y mucho ajo apestón. Lo que se dice un churrasco dominguero.

Y, ya bien colocados en la feria del puedo prometer y prometo, up!, el conejo de la chistera. Quirófanos que operan 24 horas y 365 días al año (bisiestos 366), traslado de consejerías, Internet rápido y gratis, herencias sin impuestos, puestos de trabajo a esgalla, ordenadores a porrillo, english for everybody, medio metro para Vigo, puta rue para mil altos cargos de la Xunta... Y un huevo de pasta, como decía el tonto de mi pueblo cuando quería decir Pascua. Menos mal que, como bien apuntó Anxel Vence, a ningún candidato se le ocurrió decir que de las fuentes vaya a manar vino en vez de agua o que algún partido repartiese vales de cerveza para todos. Puestos así, yo hubiera preferido que regalasen una edición conjunta, en papel biblia, de las bitácoras electrónicas de Quintana y de Touriño con prólogo de Xosé Manuel Beiras. O un book con las fotos retocadas de Fraga. La cerveza y el vino, al fin y al cabo, ya los paga uno voluntariamente.

Bromas aparte, mi amigo, el de la normalidad campante, puede que lleve razón, pero yo eché de menos aquellas grandes peroratas con las que nos extasiaba el defenestrado del Bloque e incluso las antiguas catilinarias de un Manuel Fraga que, en esta campaña, sólo supo destacar cuando se le llenó la boca de zafiedad y obsoletismo. ¿Qué culpa tendrán las mujeres y los homosexuales para que este hombre siempre vaya a por ellos últimamente?

Ganar ganaríamos en normalidad, pero es evidente que perdimos genio. Los que nos quieren salvar ya hablan como nosotros aunque no digan ni piensen las mismas cosas. En el fondo es una lástima que Quintana no sea Castelao ni Touriño heredara algo de la dialéctica -no digo del pensamiento- de Alfonso Guerra. En resumen, que yo eché de menos la voz de Beiras e incluso la resonancia pasada de un Fraga, que tampoco es Castelar. Que se apunte todo en la cuenta de la tranquilidad, serenidad, apaciguamiento, regularidad, naturalidad, sensatez, cordura, juicio, moderación, calma... Al fin y al cabo, sinónimos de normalidad. Como medianía, trivialidad, insignificancia, limitación y vulgaridad lo son de mediocridad.