Parece cosa de meigas que después de dieciséis años de gobierno,
y con más pasado que futuro, Manuel Fraga sólo haya perdido
ciento treinta mil votos. A esto también hay que añadir que
el PP gallego anda en crisis, peleados los unos con los otros.
A falta del escrutinio del voto emigrante parece que Pérez
Touriño, o sea el PSOE, puede gobernar Galicia con ayuda del
Bloque Nacionalista Gallego, pero lo cierto es que el PP no
se ha derrumbado como parecía colegirse de las encuestas.
De manera que no cabe más que esperar a ver que dicen los
emigrantes, porque de ellos dependerá el futuro de Galicia
y, de paso, el futuro de Mariano Rajoy.
Si el PP pierde, como parece, el gobierno de la Xunta, tendrá
consecuencias para el líder de los populares y aunque Touriño
puede gobernar, tampoco será como para que Zapatero tire cohetes
de alegría, porque su famoso "efecto" no está resultando ni
mucho menos arrollador, y eso que tiene el viento a su favor.
La verdad es que Galicia ha votado menos por el cambio de
lo que cabría esperar y desear, y eso sin perder de vista
que aún no está dicha la última palabra. Habrá que esperar.
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