Los resultados electorales de ayer en Galicia han puesto a
prueba la riqueza conceptual de los analistas para encontrar
una expresión que represente con alguna exactitud lo ocurrido:
encuestas previas a las elecciones refutadas por los resultados,
al igual que las elaboradas a pie de urna, existencia de un
alto porcentaje de voto opaco, según se desprende de lo anterior,
debilitamiento del voto nacionalista y agregados, relevancia
decisiva del voto de los emigrantes. Y como resumen de todo,
unos resultados que tendrán profundas consecuencias, no solo
para el modelo de gobierno, sino para los partidos políticos
concurrentes según Fraga mantenga el poder o lo pierda.
En algo parece que hay un acuerdo básico: el todavía presidente
en funciones de la Xunta tiene una notable capacidad de arrastre
sobre el electorado gallego, aunque haya perdido algo más
de cuarenta mil votos. Y por mucho que se quiera resaltar
la influencia de Rajoy en los resultados de la campaña
electoral, que sin duda ha reforzado, el mérito se lo lleva
el estilo directo y paternalista que ha derrochado el candidato
popular junto al aprovechamiento del entramado clientelar
que aún tiene un fuerte arraigo en algunas zonas rurales después
de cuatro legislaturas con el mismo signo de gobierno, que
mostraba signos de anquilosamiento. Más que el sesgo conservador
que se atribuye a un importante sector del electorado gallego,
lo que ha influido en la inercia del voto es la desconfianza
ante cambios que proponen una nueva distribución del poder
político y de sus actores, que rompería con la situación actual
que ha supuesto algunos avances respecto de épocas anteriores,
aunque exista una notable diferencia de desarrollo respecto
de otras zonas del territorio nacional y prevalezcan las dos
Galicias .
Hay un segundo dato que resulta irrefutable, por más que Acebes
se empeñe en negarlo por activa y por pasiva, y es el ascenso
muy notable del PSdeG-PSOE que ha aumentado sus votos en el
cincuenta y nueve por ciento respecto de las últimas elecciones
autonómicas gallegas. Es natural que el Secretario General
de los populares haga gala una vez más de un sectarismo que
rezuma revancha en todas sus intervenciones, pero lo podría
hacer de un modo más coherente y disimulado en una ocasión
en la que no puede atribuir a sus rivales políticos presiones
en la calle que hayan podido influir en los resultados. Y
no sigamos por este camino. Se quiera o no, los votos progresistas
superan en ciento doce mil a los del partido popular, y este
es un dato inatacable que debería hacer reflexionar a un partido
que pretende -y es deseable- aglutinar al electorado de centro
derecha, si la política de confrontación es la más conveniente
para sus intereses y para los una mayoría de los españoles.
Finalmente la sorpresa de los mediocres resultados del Bloque,
que no solo cabe atribuir a la ausencia de su fundador y carismático
Xosé Manuel Beiras, sino a los planteamientos radicalmente
nacionalistas de la Unión do Pobo Galego y del candidato Anxo
Quintana que han jalonado los últimos dos años, aunque
durante la campaña haya tratado de mitigar la contundencia
de sus propuestas. No obstante, si se confirma la atribución
del último escaño de Pontevedra a los socialistas, podrán
compensar el resultado electoral con su participación directa
o indirecta en la Xunta.
Y también hay ganadores. Uno de ellos, Emilio Pérez Touriño
ha obtenido unos excelentes resultados que probablemente le
llevarán a presidir el futuro gobierno gallego y aplicar su
programa electoral, repleto de medidas para la inclusión de
todo el territorio gallego en un modelo de desarrollo solidario.
El otro, un Fraga que todavía ha sabido polarizar el voto
conservador y que encuentra en su retirada un apoyo electoral
importante, lo que en términos de memoria colectiva le hacen
ganador o, cuando menos, no derrotado, si bien ya se sabe
lo que duran estos reconocimientos cuando se pierde el poder.
Y nadie puede dudar que, aunque sea un tópico, ha ganado Galicia
porque la democracia y los pueblos necesitan cambios en la
orientación ideológica y en los equipos de gobierno. Como
se ve, hay muchos ganadores.
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