León Buil Giral
Galicia: hay ganadores
20/06/2005

Los resultados electorales de ayer en Galicia han puesto a prueba la riqueza conceptual de los analistas para encontrar una expresión que represente con alguna exactitud lo ocurrido: encuestas previas a las elecciones refutadas por los resultados, al igual que las elaboradas a pie de urna, existencia de un alto porcentaje de voto opaco, según se desprende de lo anterior, debilitamiento del voto nacionalista y agregados, relevancia decisiva del voto de los emigrantes. Y como resumen de todo, unos resultados que tendrán profundas consecuencias, no solo para el modelo de gobierno, sino para los partidos políticos concurrentes según Fraga mantenga el poder o lo pierda.

En algo parece que hay un acuerdo básico: el todavía presidente en funciones de la Xunta tiene una notable capacidad de arrastre sobre el electorado gallego, aunque haya perdido algo más de cuarenta mil votos. Y por mucho que se quiera resaltar la influencia de Rajoy en los resultados de la campaña electoral, que sin duda ha reforzado, el mérito se lo lleva el estilo directo y paternalista que ha derrochado el candidato popular junto al aprovechamiento del entramado clientelar que aún tiene un fuerte arraigo en algunas zonas rurales después de cuatro legislaturas con el mismo signo de gobierno, que mostraba signos de anquilosamiento. Más que el sesgo conservador que se atribuye a un importante sector del electorado gallego, lo que ha influido en la inercia del voto es la desconfianza ante cambios que proponen una nueva distribución del poder político y de sus actores, que rompería con la situación actual que ha supuesto algunos avances respecto de épocas anteriores, aunque exista una notable diferencia de desarrollo respecto de otras zonas del territorio nacional y prevalezcan las dos Galicias .

Hay un segundo dato que resulta irrefutable, por más que Acebes se empeñe en negarlo por activa y por pasiva, y es el ascenso muy notable del PSdeG-PSOE que ha aumentado sus votos en el cincuenta y nueve por ciento respecto de las últimas elecciones autonómicas gallegas. Es natural que el Secretario General de los populares haga gala una vez más de un sectarismo que rezuma revancha en todas sus intervenciones, pero lo podría hacer de un modo más coherente y disimulado en una ocasión en la que no puede atribuir a sus rivales políticos presiones en la calle que hayan podido influir en los resultados. Y no sigamos por este camino. Se quiera o no, los votos progresistas superan en ciento doce mil a los del partido popular, y este es un dato inatacable que debería hacer reflexionar a un partido que pretende -y es deseable- aglutinar al electorado de centro derecha, si la política de confrontación es la más conveniente para sus intereses y para los una mayoría de los españoles.

Finalmente la sorpresa de los mediocres resultados del Bloque, que no solo cabe atribuir a la ausencia de su fundador y carismático Xosé Manuel Beiras, sino a los planteamientos radicalmente nacionalistas de la Unión do Pobo Galego y del candidato Anxo Quintana que han jalonado los últimos dos años, aunque durante la campaña haya tratado de mitigar la contundencia de sus propuestas. No obstante, si se confirma la atribución del último escaño de Pontevedra a los socialistas, podrán compensar el resultado electoral con su participación directa o indirecta en la Xunta.

Y también hay ganadores. Uno de ellos, Emilio Pérez Touriño ha obtenido unos excelentes resultados que probablemente le llevarán a presidir el futuro gobierno gallego y aplicar su programa electoral, repleto de medidas para la inclusión de todo el territorio gallego en un modelo de desarrollo solidario. El otro, un Fraga que todavía ha sabido polarizar el voto conservador y que encuentra en su retirada un apoyo electoral importante, lo que en términos de memoria colectiva le hacen ganador o, cuando menos, no derrotado, si bien ya se sabe lo que duran estos reconocimientos cuando se pierde el poder. Y nadie puede dudar que, aunque sea un tópico, ha ganado Galicia porque la democracia y los pueblos necesitan cambios en la orientación ideológica y en los equipos de gobierno. Como se ve, hay muchos ganadores.