Bueno, digan lo que digan los candidatos a la presidencia
de la Xunta de Galicia, hoy el Antiguo Reino ha amanecido
distinto, que no es poco. Hay un antes y un después del 19
de junio, al menos del Padornelo (y el Cebreiro, claro) hacia
dentro. Evidentemente, la cosa se ha decidido por un solo
diputado. Los intelectuales ¿orgánicos? del manifiesto Hai
que botalos ("Hay que echarlos") han tenido la
pasada noche un motivo de celebración. De ello no cabe la
menor duda. Porque no ha caído solamente una formación política
en estos comicios. Ha caído un régimen y, con él, una forma
de hacer política muy poco acorde con las normas democráticas.
Porque Galicia, la comunidad que la derecha más montaraz,
ese sector cuantitativa y cualitativamente del Partido Popular
más escorado a estribor, ha considerado siempre como el paradigma
del "right way of life", con la pérdida de la mayoría
absoluta se siente frustrado. Y lanzan la idea-fuerza (¿idea-bulldozer?)
de que todo va a saltar en pedazos.
Si el próximo día 27, una vez pasado el trámite del escrutinio
del voto emigrante, se confirma los resultados de anoche,
el PSdeG-PSOE y el Bloque Nacionalista Galego estarán en condiciones
de formar gobierno de coalición. Y, aquí, es donde está el
peligro, pero en el sentido cívico. Tras años en la oposición,
ambas fuerzas han ido adoptando por un cierto mimetismo los
mismos -y nefastos--- comportamientos de sus rivales del Partido
Popular de Galicia. Tanto los socialistas como los nacionalistas
han vivido diversas crisis en sus propias estructuras, algo
así como luchas por el poder que, hasta ahora, se han reducido
al reparto de migajas en las entidades locales. Más que de
crisis de crecimiento habría que hablar, en puridad, de socializar
las miserias.
Cual el orballo, la lluvia fina de Galicia (conocida en castellano
como calabobos), el ejemplo caciquil y clielentelar del régimen
fraguista ha impregnado toda la sociedad gallega. Y esos comportamientos
son también los que hay que desterrar en las fuerzas que están
llamadas a coaligarse para formar gobierno. Con o sin sordina,
en los tres partidos gallegos, esta calurosa mañana de junio,
empiezan a relucir las navajas... Todos, especialmente en
la hasta ahora oposición, tenemos motivos de celebración.
Pero todos, además, tenemos suficientes motivos de autocrítica.
Hasta que se destierren la mala baba, el revanchismo, el cainismo
y los ajustes gratuitos de cuentas no se habrá alcanzado el
objetivo de "Hai que botalos"... Seguirán pesando como
losas sobre nosotros.
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