Ya está. En Galicia ya no va a seguir mandando Fraga
porque esta vez los emigrantes decidieron poner una vela a
cada santo. Menos a San Quintana, que sólo le encendieron
una mariposa. Es decir, Touriño como una castañuela
y el sucesor de Beiras con su pirulí. Y, vaya por Dios, Fraga
al fin desterrado de la Xunta por la fuerza -no muy mayúscula,
por cierto- de las urnas.
¿A qué nos vamos a dedicar ahora los que tanto esfuerzo -que
a punto estuvo de ser inútil- empleamos en agudizar el carquismo
del último ministro de Franco que circulaba en coche oficial?
¿De quién van hablar mal Manolo Rivas, Suso de Toro,
los del fragagá, haiquebotalos, nunca plus,
etc., etc., incluidos algunas partes de El País y la
Ser?
Me da la impresión de que, de algún modo, vamos a echar de
menos a Zapatones. En lo que a mí respecta,
empiezo a sentir alguna ternura por aquel viejecito que mandaba
en Galicia cuando había alcaldes que acosaban sexualmente
a menores de edad, lo homosexuales estaban enfermos, las mujeres
nunca decían la verdad sobre sus amantes, los muertos participaban
en las elecciones, las rías se llenaban de contaminación y
de peligrosas actividades industriales -Pontevedra y Ferrol,
por ejemplo-, los barcos se hundían pintando de negro las
costas y el feísmo manchaba definitivamente el paisaje de
una tierra que alguna vez fue bella y pura. Todo eso ocurría
antes, y ya no volverá a pasar. ¿Verdad que no?
Como diría el abogado de las causas perdidas del PP, manda
huevos que hayan sido los emigrantes los que mandaron a Fraga
a jugar al dominó a Villalba. Precisamente ellos, que tanto
le querían y por el que tanto votaron en ocasiones anteriores,
parece como si se hubieran dejado enamorar fácilmente por
otro gallego, el embajador circunstancial Miguel Cortizo.
¿Y ahora qué? ¿Con quién nos metemos? Porque, aunque Fraga
siga en la oposición, ya no será lo mismo. Si nos queda dignidad,
tendremos que acordaron de aquel magnífico titular, a cinco
columnas, del semanario francés Le Canard Enchainé
cuando François Mitterand subió por primera vez al
poder: "Ganaron los nuestros. Seguiremos hablando mal del
Gobierno". Ojalá sepamos -y nos dejen- hacerlo.
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