Perfecto Conde
¿Y ahora qué?
28/06/2005

Ya está. En Galicia ya no va a seguir mandando Fraga porque esta vez los emigrantes decidieron poner una vela a cada santo. Menos a San Quintana, que sólo le encendieron una mariposa. Es decir, Touriño como una castañuela y el sucesor de Beiras con su pirulí. Y, vaya por Dios, Fraga al fin desterrado de la Xunta por la fuerza -no muy mayúscula, por cierto- de las urnas.

¿A qué nos vamos a dedicar ahora los que tanto esfuerzo -que a punto estuvo de ser inútil- empleamos en agudizar el carquismo del último ministro de Franco que circulaba en coche oficial? ¿De quién van hablar mal Manolo Rivas, Suso de Toro, los del fragagá, haiquebotalos, nunca plus, etc., etc., incluidos algunas partes de El País y la Ser?

Me da la impresión de que, de algún modo, vamos a echar de menos a Zapatones. En lo que a mí respecta, empiezo a sentir alguna ternura por aquel viejecito que mandaba en Galicia cuando había alcaldes que acosaban sexualmente a menores de edad, lo homosexuales estaban enfermos, las mujeres nunca decían la verdad sobre sus amantes, los muertos participaban en las elecciones, las rías se llenaban de contaminación y de peligrosas actividades industriales -Pontevedra y Ferrol, por ejemplo-, los barcos se hundían pintando de negro las costas y el feísmo manchaba definitivamente el paisaje de una tierra que alguna vez fue bella y pura. Todo eso ocurría antes, y ya no volverá a pasar. ¿Verdad que no?

Como diría el abogado de las causas perdidas del PP, manda huevos que hayan sido los emigrantes los que mandaron a Fraga a jugar al dominó a Villalba. Precisamente ellos, que tanto le querían y por el que tanto votaron en ocasiones anteriores, parece como si se hubieran dejado enamorar fácilmente por otro gallego, el embajador circunstancial Miguel Cortizo.

¿Y ahora qué? ¿Con quién nos metemos? Porque, aunque Fraga siga en la oposición, ya no será lo mismo. Si nos queda dignidad, tendremos que acordaron de aquel magnífico titular, a cinco columnas, del semanario francés Le Canard Enchainé cuando François Mitterand subió por primera vez al poder: "Ganaron los nuestros. Seguiremos hablando mal del Gobierno". Ojalá sepamos -y nos dejen- hacerlo.