Editorial
Adelante, sigamos adelante
08/07/2005
Éste es nuestro segundo editorial triste, pero a la vez animoso, en dos días seguidos. El de ayer estaba motivado por la decepción de no haber logrado la nominación de Madrid como organizador de los Juegos Olímpicos 2012. El de hoy se debe a móviles mucho más tristes: el terrorismo islamista, fanático y cruel como ninguno, salvaje como jamás haya lo haya sido terrorismo alguno, medieval en sus concepciones y en sus motivaciones -nunca las hay para el terrorismo, desde luego- ha vuelto a golpear en su lucha contra Occidente. No busquemos motivos, porque nunca los hay, y menos justificaciones; es el caso que Occidente se tiene que blindar ante esta peculiar forma de entender la lucha de civilizaciones: a bombazo limpio. A Londres no le han permitido ni 24 horas de alegría por haber sido beneficiada con los JJOO dentro de siete años.
Es una forma de guerra, que nos hace más incómodo (y más inseguro, desde luego) viajar en avión, utilizar los transportes públicos o entrar en unos grandes almacenes. A esta gente no le importa quién muere o queda mutilado, quién sufre con sus bárbaras acciones. Denigran el nombre del Islam que, ciertamente no es una doctrina comprendida por la cultura occidental, pero esa sería una reflexión diferente.
Uno de los editores de este periódico asistió anoche a una cena en casa de un importante editor de prensa nacional. Había al menos tres ministros, varios dirigentes de la oposición, de la Fiscalía, de la Judicatura, de las finanzas y del periodismo. En eso apareció el embajador británico acompañado de su esposa, ambos de luto. Fueron recibidos con un aplauso. El embajador dirigió a los reunidos unas breves palabras, señalando que estos asesinos no pueden romper la normalidad de la vida cotidiana; por eso estaba allí. La mujer del embajador tenía los ojos enrojecidos.
Por eso, porque hay que seguir con la vida cotidiana, porque no nos pueden arrebatar ni la normalidad ni el progreso, es por lo que, con todo nuestro dolor por el sufrimiento que hemos sido condenados a volver a ver, tragándonos las lágrimas y, sobre todo, conteniendo la ira, proseguimos en nuestra tarea informativa, lamentando acaso algunas trabas y limitaciones que ayer pudimos observar a la hora de que las autoridades británicas facilitasen información.
Pero ni siquiera es el momento de abrir esa polémica, ya clásica, acerca de a quién y cómo (y cuánto) pertenecen las imágenes del sufrimiento de las víctimas del terror. O de si se combate mejor minimizando los hechos o dándolos a conocer con todo su horror.
Hoy, lo importante es que seguimos, que aquí estamos para contar y analizar este proceso, y otras muchas cosas. Ganaremos, los del buen lado que somos todos menos un puñado de fanáticos enloquecidos, que gozan con el padecimiento de los demás, ganaremos esta batalla. Y esa guerra.
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