Comienzan a aflorar conexiones entre los atentados del 7-J
de Londres y los del 11-M en Madrid que, de confirmarse, trasladarían
a Gran Bretaña todas las incógnitas que aún flotan sobre la
autoría de la masacre de Atocha, con la ventaja de que quizás
Scotland Yard y el M-6 sabrían arrojar luz sobre los agujeros
negros del caso español que siguen sin ser aclarados ni por
nuestra policía, ni por el CNI, y el inconveniente del posible
peligro para lo que queda de la reputación de nuestro país
en el mundo cuando se traduzcan al inglés las declaraciones
de implicados como Zuhier y Lavandero o, sin
ir más lejos, el testimonio de Zapatero ante la comisión
del 11-M cargando las culpas sobre la imprevisión del Gobierno
del PP y el engaño masivo de Aznar tras la tragedia.
El envío de las actas de la malograda comisión parlamentaria
a los responsables de la lucha antiterrorista de Gran Bretaña
acabaría, sin duda, en un escándalo. ¿Qué pensarán los ingleses
de la pública confesión de Rubalcaba admitiendo que
tuvo conocimiento de quienes eran los autores de la masacre
por una llamada de Rafael Vera? ¿Llamarán desde Scotland
Yard al portavoz parlamentario del PSOE a preguntarle si el
ex secretario de Estado de Seguridad le ha informado también
sobre los atentados de Londres? Lo dicho: lo mejor para España
es que la masacre del 7-J no haya tenido que ver más que un
lejano parecido con el 11-M, no vaya ser que, tirando del
hilo, los investigadores ingleses acaben averiguando que los
explosivos utilizados en Londres procedían de la mina Conchita
de Avilés. Sería terrible. |