La guerra de los mundos está aquí. Los invasores integristas
golpearon el 11-S, el 11-M y el pasado jueves. ¿Dónde mañana?
Las bombas que explosionaron en las entrañas de la capital
británica y en el autobús, simultáneamente, llevándose por
delante decenas de inocentes, confirman que la batalla al
terrorismo hay que ganarla desde NU, Bruselas, Moscú, China,
Japón y el propio CIO. Los españoles sabemos mejor que nadie,
después de cuatro décadas de lucha contra la dictadura del
terrorismo vasco, que no podemos rendirnos porque nunca tendremos
alma de esclavos. De ahí el rechazo masivo a las negociaciones
con estos nuevos vándalos del siglo XXI.
¿Comandos musulmanes 'durmientes' en las ciudades finalistas
para recrear el infierno en la sede ganadora y recordarnos
que el cielo puede esperar? A muchos nos recordó Munich 72
y 'Septiembre negro.' Siempre la sombra fanática árabe de
por medio. Antes, la siniestra sombra del rais; hoy, la del
miserable Osama Ben Laden. La guerra fría calentó los
corazones de los progresistas con las mentiras del Che
Guevara. Siempre los mismos ilusos jaleando a estúpidos
que se preguntan en voz alta todavía quién nos salvará de
George Bush. Desde luego, no Fidel Castro ni
Hugo Chávez.
La ejemplar reacción de los ingleses con Tony Blair
en primera línea de fuego, manteniendo su agenda y las conclusiones
en la cumbre del G-8, y ofreciendo los datos de la tragedia
con un protocolo tan simple como que a las familias de los
muertos y heridos les asiste el derecho de conocer la verdad
antes que a la opinión pública, nos muestra la diferencia
de talante con quienes aquí se lanzaron a la yugular del gobierno
legítimo en las vísperas del 14-M. Nadie ha acusado de imprevisión
a los laboristas ni nadie se ha cuestionado que el mazazo
pueda ser consecuencia de la guerra de Irak.
Desgraciadamente, más bien parece una copia de la tragedia
de Atoca. Aquí entendemos bien el dolor y las lágrimas de
los londineneses. Madrid es Londres y Londres Madrid. Todos
somos victimas de esa olimpiada de sangre. El silencio solidario
del pasado viernes constata que al terrorismo hay que vencerlo
enfrentándose a él desde el imperio de la ley y con toda la
fuerza de la democracia. Resistiendo. Y golpeándoles donde
más les duela: denunciando el wahabismo que todo lo subvenciona.
¿No son estos mismos terroristas los que asesinaron hace unas
horas al embajador egipcio en Bagdad y los que siembran de
sangre cada amanecer las calles de Faluya? Quitémonos las
máscaras de la tolerancia y analicemos las causas y consecuencias
a la luz de los hechos. ¿Quién inculca el odio en las 'madrasas'
e interpreta el Corán a la luz del candil de la 'hégira'?,
¿qué religión permite y alienta a los jóvenes con una hiedra
de dinamita a la cintura descuartizar seres humanos que viajan
en metro o autobús? ¿Cuál es el delito, ser libres, vivir
en democracia? ¿Donde está Alá, el misericordioso? Imagino
que escondido y avergonzado por tanto horror que se comete
en su nombre.
Desde luego, el binomio libertad seguridad tiene que tener
un límite para aquellos que imponen sus ideas desde el miedo,
el tiro en la nuca y el coche bomba. Las democracias son vulnerables.
Hay que blindar los agujeros negros con leyes que nos protejan
de los enemigos. De nada vale mirar para otro lado mientras
te revientan los horizontes. Tampoco parece oportuno escudarse
en que los asesinatos masivos se justifican en un mar de injusticia
universal. Otra majadería más del presidente por accidente.
Los colaboracionistas del terror reiteran que la causa radica
en la pobreza. Una ignominia. ¿Es que todos los pobres son
potenciales terroristas? ¿Se han cometido mayores injusticias
en los últimos años que en el área de los Grandes Lagos entre
tutsis y hutus? ¿Han puesto éstas etnias alguna bomba en el
corazón de Occidente? ¿No es el líder del Al Queda un multimillonario
y además un asesino?
Esperemos que hoy, en Bruselas, salga no un comunicado de
condena protocolario sino medidas concretas y compromisos
comunes de esa cumbre extraordinaria de ministros de Interior
y Justicia. Ya es hora de que nos enfrentemos al terrorismo
islamista con coraje y decisión. Y no con palabras hueras
que mañana se las ha llevado el viento. El ejemplo de los
británicos, con la Reina Isabel II a la cabeza, celebrando
ayer, de luto y multitudinariamente, el 60 aniversario de
la victoria sobre los nazis nos reconcilia con los valores
occidentales arrancados al miedo por Wiston Churchil
prometiendo sangre sudor y lágrimas frente al pactismo o rendición
preventiva de Artur Neville Chamberlain. Los terroristas
deben entender que la fuerza de la libertad es un arma más
poderosa que su fe ciega y que su odio. Ahora sólo nos queda
rezar por los muertos y consolar a las víctimas y a sus familias.
Y de paso rezar también por todos nosotros que falta nos hace.
Nos vemos en Londres/2012.
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