La hora de llorar a los muertos continúa. No debe quedar la
barbarie en el olvido, pero también llega la hora de analizar
el hecho del terrorismo internacional con mayor perspectiva,
lo que puede ayudar a erradicarlo. Fernando Reinares
ya ha hablado de esta nueva y repugnante modo de hacer la
guerra como de "terrorismo global". Sus características
hace que lo aprendido hasta ahora en las guerras que en la
Historia han sido sirvan de nada o de muy poco. Tras golpes
como estos, ¿Dónde golpear en legítima defensa y con que medios?
Se ha dicho que el terrorismo internacional, que todos los
terrorismos no admiten motivaciones. Lamento discrepar del
editorial de esta publicación. No podrán admitir justificaciones,
desde luego, pero las motivaciones, justificadas o no, existen
y hay que analizarlas. Hace años, Restituto Valero Ramós,
coronel de Estado Mayor y experto en asuntos de seguridad,
acompañado por quien esto escribe, anunció que las acciones
del terrorismo internacional se avecinaban y que serían demoledoras
si no se iban poniendo los medios para evitarlas. Fue tachado
de alarmista y en pocos años vinieron las acciones Arabia
Saudí, de Kenia y Tanzania, de Yemen, de Nueva York y Washington,
de Túnez, de Pakistán, de Indonesia, de Mombasa, de Afganistán,
de Casablanca, de Turquía, de Madrid, de Londres…
Y según como están las cosas, es terrible, pero imprescindible
advertir de que esto puede no haber hecho nada más que comenzar.
El fanatismo salafista ha tomado un poder que le permite actuar
en cualquier parte del mundo, con o sin "soldados"
suicidas para su yihad particular. Según el profesor Reinares
puede afirmarse que existen entre uno y dos millones de musulmanes
dispuestos a dejarse arrastrar por esa doctrina, y una parte
de ellos está repartida por todo el mundo ¿Se dan cuenta el
peligro potencial que ello supone?
El hambre y la humillación, son terreno abonado para el fanatismo
religioso de una doctrina en la que algunos no han superado
todavía su edad media y el "Dios lo quiere" que llevó
a las iglesias cristianas a la barbarie. Los errores e injusticias
de Occidente para con algunos pueblos en aras de beneficios
económicos o energéticos de hace más de cien años, permitieron
que se crease ese caldo de cultivo. Naturalmente que la culpa
de los asesinatos la tienen quienes colocan las bombas y hay
que perseguirlos y aplicarles la Ley, pero si se olvidan las
motivaciones y no se acaba con ese caldo de cultivo señalado,
la guerra será más larga y más difícil de ganar.
La lucha no es cuestión de poco tiempo y hay que analizarla
con la perspectiva de muchos años, los suficientes para que
el relevo generacional en esas sociedades fanatizadas pueda
servir de base para destruir ese fanatismo y para ello hace
falta voluntad y, como se ha dicho, perspectiva. Lamentablemente,
en la aldea global de las libertades, somos muy vulnerables.
Y no olviden que, salvo en el caso de las Torres Gemelas y
el Pentágono, los asesinos solamente han utilizado explosivos.
Luego, cómo olvidarlo, a nivel doméstico, vuelve a utilizarse
a las víctimas en una lucha partidista repugnante. Se escucha
con frecuencia, hasta Piqué salió a la palestra, que
Rajoy no puede desarrollar su programa de centro por
el lastre de Zaplana y de Acebes. Pues bien,
después de escucharle en los últimos días, ya no me sirve.
El presidente del PP lidera un partido que tiene como estrategia
el "solos contra todos y al precio que sea" y no es
eso, precisamente, lo que este país necesita. Primero Zapatero
fue el culpable de que Madrid no fuese sede olímpica, luego
aprovechó la masacre criminal de Londres para atacar al Gobierno.
Ya no utiliza, como hasta ahora, a las víctimas del terror
en España. Ahora utiliza hasta las ajenas. Y que yo sepa no
han sido ni Acebes ni Zaplana. Simplemente despreciable.
|