Paco Vilariño
Independizarse de Cataluña
20/09/2005

Y en estas que llegó Mariano a la sede central de La Caixa, con una actitud corporal a medio camino entre lo que sería Daniel en el foso de los leones y el maestrillo que viene a leernos la cartilla. El presidente ¿por delegación? del Partido Popular, al que no le pegan nada las jeremiadas a lo Aznar y los exabruptos catastrofistas del dúo Zaplana-Acebes, habló del secuestro al que la clase política autóctona tiene sometida a Cataluña. Y, por ahí todo seguido, repartió, educadamente, capones al respetable presente y al ausente. Naturalmente, Rajoy estaba en su papel y se ceñía a lo que es el discurso de su partido. Mayor ortodoxia pepera imposible.

Claro que Mariano, se puso en una tesitura de "consejos vendo y para mí no tengo". Todo lo que reprochó a la clase política catalana (por cierto, de ella también forman parte los suyos, ¿o no?) se lo podía haber reprochado a su propio partido allá donde gobierna. Lo mismo que, Rajoy dixit, hace el tripartito catalán, lo han hecho, durante 17 años los populares en Galicia, en Murcia, en Castilla y León y, en especial, desde La Moncloa, en aquellos ocho años del aznarato: empresas públicas privatizables -posteriormente privatizadas-a cuyo frente se colocan o compañeros de pupitre o personas afines. Y, luego, las empresas privatizadas que actúan en función de los intereses del partido y bailan al son que les tocan.

Puestas así las cosas, si la Cataluña del tripartito es el coco colonizador, la fiera corrupia, el ogro devorador de niños, la rompespañas, el Mal absoluto, no sé a qué diablos espera el Partido Popular para proponer que el Reino de España se independice de Cataluña. Porque lo que subyace en el discurso marianista es eso: un injustificado pánico a una parte de España, el Principado, al que se le achacan prácticamente todos los males pasados, presentes y venideros. Quizá para los españolistas a ultranza (tan separadores como sus contrarios) les vaya bien esto de independizarse de Cataluña: se liberarían, de una vez por todas, de sus miedos. No sería mala idea, claro.