Editorial
El debate Monarquía-República
31/10/2005

Acabamos de entrar en otro de los momentos que hacen historia en España. La que creemos algo irresponsable ocultación del sexo de la heredera del heredero de la Corona, una irresponsabilidad de la que somos todos partícipes, nos sitúa ahora ante la necesidad de abordar aprisa y corriendo una trascendental reforma constitucional que ya debería haber comenzado a plantearse de manera más tangible. No es, en efecto, una reforma cualquiera: implica, una aprobación parlamentaria de mayoría cualificada, disolución de las Cortes, nuevas elecciones y celebración de referéndum. Esta delicada cuestión no debería posponerse mucho tiempo: lo lógico sería que doña Letizia se quedase embarazada nuevamente en un plazo razonable de meses, acaso en un año. Si el nuevo descendiente fuese varón y no estuviese para entonces lista y refrendada esta reforma constitucional, se generaría un conflicto dinástico, al hacerse necesaria la retroactividad para privar de sus derechos al varón. Un lío, vamos, de consecuencias difíciles de sopesar (la Historia española conoce lamentablemente de estas cuestiones).

Un lío que, en opinión de una mayoría de observadores, debería haberse acometido ya (incluso en tiempos de Aznar, para hacerla coincidir con las elecciones de marzo de 2004), pero que se ha ido posponiendo: primero, porque nadie quería lógicamente unas elecciones anticipadas por esa causa; segundo, porque estábamos todos en reformas estatutarias y otros interminables debates parlamentarios. Y tercero, muy propio de este país nuestro, porque siempre hay alguien que dice que 'doctores tiene la Iglesia' y deja en manos de expertos constitucionalistas el remiendo a las dejadeces propias. Ahora llega la hora en la que los constitucionalistas se pelearán acerca de la fecha en la que esta reforma debe producirse, sobre si ha de tener o no efectos retroactivos, su alcance... ).

Y ésa es otra: ahora lo que viene, con toda esta discusión que estamos planteando y que va a llegar irremediablemente pronto, es el otro gran debate nacional. Estamos inmersos en plena pelea sobre los postergados temas territoriales y ahora irrumpe la otra enorme cuestión que está ahí, latente, desde el inicio de la transición y el fin del franquismo, hace treinta años: la cuestión Monarquía o República).

Resulta indudable que, a la hora de plantear la reforma constitucional, los partidos republicanos y los ciudadanos partidarios claramente de la República van a querer hacer oír su voz de una manera que no se ha producido en las últimas tres décadas. Y ha de tenerse en cuenta que las formaciones declaradas republicanas en las Cortes, son varias, no solamente Izquierda Unida y Esquerra Republicana de Catalunya. El propio PSOE sigue siendo teóricamente republicano, aunque la pasada madrugada emitiese un comunicado saludando el nacimiento de la todavía infanta doña Leonor como "una gran noticia para la democracia").

Va a ser éste un debate bastante gratuito -nadie en el fondo, quiere plantear cambios sociales de este tenor en un país que va bien como está actualmente-, pero será desgastante para la institución monárquica, que va a perder enteros en este envite. Y el referéndum preceptivo sobre la reforma constitucional se va a convertir en un plebiscito entre Monarquía o República. Ganará, sin duda, la primera opción, que es la más lógica y la más acorde a nuestras tradiciones, pero...Los españoles no son republicanos, según las encuestas, pero tampoco abrumadoramente monárquicos: son, como tantas veces se ha dicho, accidentalistas juancarlistas. ¿Serán también felipistas de Felipe VI? ¿Y de Leonor I?

Pues eso solamente el tiempo y la actuación de la Familia Real en el desempeño de sus funciones podrá aclararlo: Felipe VI, un hombre preparado, abierto, de su tiempo, tendrá que ganarse la Corona día a día, en un mundo rápidamente en cambio, y no digamos ya doña Leonor. Pero esto es ya apuntar demasiado lejos en el tiempo; ahora, lo inmediato es que, tras la convulsión del debate territorial, viene la de la reforma constitucional, dejada tan de lado hasta ahora.