Esta vez no va a estar Fraga. Sus años de ordeno y mando en la periferia gallega lo habían empujado a posturas en materia territorial que, mire usted por donde, chirriaban en los engranajes del aznarismo más recalcitrante. Daba que hablar. Emilio Pérez Touriño, flamante presidente socialista de Galicia, va a debutar en el debate sobre el Estado de las Autonomías. No se esperen de él estridencias, ni reinvindicaciones imposibles, ni vueltas de tuerca al encaje de Galicia en España, ni debates conceptuales. Antes bien, será complicado arrancarle un titular a un presidente de perfil técnico que preside una Xunta de Galicia gobernada en coalición con los nacionalistas de izquierda del Bloque.
Nadie se ha interesado en Galicia por el debate que habrá en el Senado la próxima semana. El gobierno –o los dos semi-gobiernos que se barruntan– están todavía enfrascados en la renovación de la administración. La atención mediática se centra en las infraestructuras. Habrá o no habrá AVE. Se cumplirán o no ciertos compromisos (el eslogan/plan Galicia con el que Aznar y sus mariachis respondieron al desastre ecológico-político del Prestige se ha difuminado).
El Gobierno gallego está a la espera de ver cómo sale el Estatut de las Cortes, porque el proyecto catalán marcará la hoja de ruta de la reforma del Estatuto gallego. El ala nacionalista de la Xunta presiona para poner en marcha, con el listón bien alto, la reforma del marco estatutario. Por lo pronto, en vísperas del debate senatorial, el vicepresidente Quintana, ex senador, ha puesto sobre la mesa un informe-reclamación de 70 competencias, sin perjuicio de que un nuevo Estatuto abra “nuevos espacios” y una “nueva relación de Galicia con el Estado”. Quizás Quintana esté insinuando algo parecido a la dificil bilateralidad que propugna el Estatut.
Galicia acaba de cambiar de gobierno y está sacudiéndose la modorra de muchos años de paternalismo fraguiano. ¿El PP gallego? Ausente en el reparto y absorto en su proceso sucesorio, con nada menos que cuatro candidatos en la parrilla de salida. Hasta que ellos no se aclaren no hay interlocutor para abordar la reforma estatutaria. Y eso será en enero. Mientras, PSOE y Bloque cohabitan como pueden.
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