Emilio Martínez
Los árbitros, siempre con el poder
19/12/2005

Es la condición humana. La de ayudar a los poderosos, escribo. Acontece en todas las actividades, fundamentalmente en las económicas, y el fútbol, que mueve miles de millones a nivel planetario, no iba a ser una excepción. Más todavía en el caso español, con dirigentes tan impresentables como Ángel María Villar (presidente de la Federación) y Victoriano Sánchez Arminio ('jefe' de los árbitros) y con unos colegiados profesionales -aunque muy malos- y multimillonarios -ganan o les dan más que al presidente del Gobierno- a los que les va muy bien en el sistema y no quieren que cambie. Razón por la que siempre favorecen a los clubes poderosos cuando se enfrentan a los débiles y como norma general de sus arbitrajes, por otro lado nefastos y polémicos casi siempre.

Porque la fuerza del Real Madrid y Barcelona, algo por encima, y de Valencia, Dépor, Atlético y Athletic, en un nivel inferior, es mayor que la del resto y los favores en forma de decisiones injustas que reportan puntos se pagan a más alto precio. Sin ir más lejos, en esta última jornada de Liga, del pasado fin de semana (podríamos coger cualquier otra, porque la historia se repite y volverá suceder -qué se apuestan que también en la de este martes, miércoles y jueves-, los colegiados favorecieron claramente a azulgranas y blancos.

A los de Rijkaard con un penalti sobre Márquez que no fue y encarriló su victoria en Cádiz -que seguramente se habría producido igual, pero esa es otra cuestión-. A los de López-Caro, con dos varas de medir: la dura para el osasunista Puñal expulsado a los 15 minutos por un codazo a Roberto Carlos -quien le echó mucho teatro- y que no parecía más que de tarjeta amarilla. La blanda: cuando el propio brasileño había realizado un entradón a Valdo que le lesionó y le obligó a retirarse y no vio ni amarilla. O cuando Baptista agredió a otro rival sin balón y sin castigo alguno. Y si a pesar de todo el Madrid no fue capaz de pasar del empate, posiblemente el colegiado sí fue decisivo en el resultado final.

Estos ejemplos son dos de los centenares que se repiten campaña tras campaña y que en cierto modo desvirtúan la competición de una forma muy superior a otras Ligas comparables como las de Inglaterra, Alemania, Francia, y hasta Italia (que ya es decir). Los denuncian los futbolistas de los clubes modestos y pobres, sus presidentes y la prensa de sus ciudades. Se arma un pequeño revuelo…y se olvidan hasta otra siguiente ocasión.

Porque los responsables -mejor irresponsables- con autoridad para evitarlo o para aconsejar desde las altas instancias federativas a los jueces -léase árbitros- que no sean tan facilitos para castigar a los pobres, ni tan comprensivos para perdonar a los ricos, están encantados con que el sistema continúe así. Y los árbitros, también, que luego llegan ascensos, descensos e internacionalidades que deciden los citados Villar (con problemas en los tribunales a la hora de justificar gastos) y Sánchez Arminio (casi tan desprestigiado como el anterior).

Como diría el portero Emilio -de la serie 'Aquí no hay quien viva', no confundir- "un poquito de por favor". O sea, de dignidad y ética. Una petición que caerá en el olvido. Porque si a nivel mundial en el deporte rey el único inocente es el balón; a nivel español, quizás ni él.