Las encuestas realizadas en el año que acaba han dado un sonoro golpe de atención a la Jefatura del Estado: uno de cada cuatro españoles se inclina por la República.
No se prevé para 2006 ningún evento que, en principio, pueda incrementar especialmente la aceptación de la Monarquía y tampoco hay indicios apreciables de que pueda deteriorarse la Institución más allá de la progresiva incorporación de jóvenes generaciones a la mayoría de edad. Las encuestas realizadas este año hayan dado un sonoro golpe de atención a la Jefatura del Estado. Tanto el CIS como “El Mundo” han avisado de que, aproximadamente uno de cada cuatro españoles se inclinan por la República, cuando hace cinco años era uno de cada cinco. Lo que significa un deslizamiento aumentativo, aparentemente generacional, de rechazo al sistema hereditario.
Sin embargo, la encuesta más “peligrosa” para el sistema monárquico, es la realizada este último mes de noviembre - el día 22- por el diario digital “El Confidencial” a la que respondieron 7.033 personas. Una muestra a tener en cuenta. La pregunta fue: “¿cree que la Monarquía en España es todavía un sistema válido?”. El resultado es obviamente preocupante para la Real Casa: 54% contestan sí y 46% no, lo que no contradice el de las dos encuestas antes mencionadas, sino que lo complementa y matiza de manera muy significativa. Por que las encuestas del CIS y “El Mundo”, como la mayoría de estos trabajos, se hacen sobre población indiscriminada. Sin embargo “El Confidencial” tiene unos lectores mayormente ilustrados, de formación universitaria y de alguna manera marcadores de opinión en diversos escalones sociales. Aquí difícilmente están las nuevas promociones juveniles o esa masa de manifestación jubilosa y consumidora de material rosa de la que no se sabe si la curiosidad supone siquiera indicio de opinión.
Súmese a esos datos la poca simpatía que la Institución tiene en el presidente del Gobierno, según expertos conocedores y analistas, y el resultado no es tranquilizador a futuro más allá de la vida de don Juan Carlos. No es que el señor Zapatero se lleve mal con el Rey, como podría decirse “grosso modo” de Aznar. Pero una cosa son los modales -¡ah, el talante!- y otra muy distinta las actuaciones u omisiones desconocidas por la más abrumadora mayoría de españoles. En cualquier caso existe unas inercia, un “no meterse en líos”, que de momento y quizá por unos años o por muchos, funcione. Pero los comprometidos con la Causa tendrán que estudiar cómo repuntar. En todo caso, 2006, en este aspecto, no se presenta complicado. El problema parece que va para más lejos.
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