Andreu Farrás
La inestabilidad seguirá presidiendo el Tripartito
21/12/2005

En los tres partidos que actualmente gobiernan Cataluña -PSC, Esquerra e Iniciativa Verds- cunde la preocupación por los próximos dos años con Pasqual Maragall al frente de una Generalitat gestionada por una coalición a todas luces inestable. Si en la primera mitad del mandato ha sido extraño el mes en el que no se ha tenido que afrontar alguna crisis de imagen, de Gobierno o de “ conselleria ”, ¿qué puede ocurrir en el bienio que resta para la celebración de las elecciones autonómicas? Se da por descontado que a medida que se acerque la fecha de los comicios aumentará la escenificación de las divergencias entre los tres socios de ejecutivo. Eso si antes no se pacta un adelanto electoral en cuanto se apruebe el Estatuto en referéndum, a medidos del próximo año. Dando por descontado que no se romperá la baraja antes de que salga de las Cortes.

El escenario más probable es un texto legal que se adecúe a la Constitución, en el que los esencialismos nacio nalistas quedarán convenientemente atenuados por mor del consenso. Y, a cambio, una generosa contraprestación económica en el sistema de financiación. El Gobierno central ya ha propuesto una rebaja sustancial en el capítulo financiero del Estatut, aunque se reserva la posibilidad, para aplacar las iras de republicanos y ecosocialistas, de aumentar de manera considerable el monto de inversiones estatales en el Principado.

Más infraestructuras

El pertinaz déficit fiscal de Cataluña y la necesidad perentoria de más y mejores infraestructuras (autovías, AVE hasta la frontera con Francia y un aeropuerto y un puerto mayores) son los causantes principales del descontento de los políticos catalanes de distinto signo que luego queda reflejado en las encuestas a ciudadanos de esta autonomía. Tendrá que ser, por tanto, la resolución de esos déficits fiscales y infraestructurales la que ayude a recortar el texto estatutario sin que nadie se rasgue las vest iduras en el cuatripartito (la coalición gubernamental más CiU), según han sugerido responsables de las distintas formaciones implicadas.

En los próximos dos años, PSC, Esquerra e Iniciativa se han conjurado para dar una gran paso adelante que supere el agridulce debate sobre el Estatut , un texto que la sociedad civil nunca reclamó en Cataluña hasta que las élites políticas se pusieron a redactarlo y presionaron a la opinión pública para que las respaldase. Ese gran paso –o huida hacia delante— de la Generalitat consistirá en un ambicioso giro social que prometieron las izquierdas en la campaña electoral de 2003 y apenas han empezado. Se fundamentará en la educación, la sanidad, la atención a los mayores dependientes y la integración de la inmigración.

Como señala un editorial de El Periódico de Catalunya , diario que aplaudió en su día la entrada de las izquierdas en la Generalitat , “la acción del Gobierno en esta legislatura no puede estar s upeditada” a la consecución del nuevo Estatut . “Los esfuerzos –añade este diario del Grupo Zeta-- que hacen las tres formaciones por singularizarse pese a gobernar juntas se han traducido en un exceso de dudas y titubeos. La segunda mitad de la legislatura ha de superar esa tónica y ganar en cohesión” .

A los dos años del acuerdo de coalición tripartita, el llamado Pacto del Tinell, el Gobierno obtiene un "aprobado justo” respecto al grado de cumplimiento de sus compromisos para esta legislatura, a juicio de otro diario nada sospechoso de antisocialista como El País . Los departamentos que cumplen más y mejor el Pacto del Tinell son Educación (dependiente de Esquerra) y Cultura (con consellera socialista). El área económica y las obras públicas, pese estar controladas por los consellers socialistas mejor valorados, Antoni Castells y Joaquim Nadal, van con retraso en la consecución de sus objetivos. El Ejecutivo de Maragall, no o bstante, ha puesto en práctica las medidas de transparencia y anticorrupción que prometió al llegar a la plaza de Sant Jaume.

Mas modera su nacionalismo

Mientras, Convergència i Unió (CiU) continuará el retorno al centro ideológico y a la moderación nacionalista que ha empezdo a finales del 2005. Artur Mas se ha dado cuenta de que seguir los consejos de los fundamentalistas del soberanismo convergente como David Madí, Quico Homs y Oriol Pujol sólo lleva a aparecer ante el electorado como una segunda marca de ERC. Y ¿quién quiere una segunda marca si puede conseguir la genuina por el mismo precio?

Mas ha aparcado el radicalismo y se ha reconciliado con la vieja táctica pujolista-roquista de “colaborar a la gobernabilidad” del Estado, sea quien sea el que empuñe su timón (UCD, PSOE o PP), a cambio de tocar poder cómo sea. De hecho, esta es la primera legislatura sin mayorías absolutas en las que CiU no apoya al part ido en el Gobierno central. Aunque tampoco hay que olvidar que es la primera vez que CiU atraviesa el desierto de la oposición desde la reinstauración del Parlament, en 1980.

Iniciativa, el PPC y Esquerra

En cuanto a las tres formaciones restantes, Iniciativa continuará como testigo discreto -por no decir mudo- de los avatares del Tripartito. Y la sucursal catalana del PP, regentada por Piqué, y la Esquerra de Carod seguirán retroalimentándose y polarizando la crispación así en Madrid como en Barcelona.

Piqué soportará las impertinencias de su inmediato antecesor en la presidencia del PPC, Alejo Vidal-Quadras, que le exigirá más contundencia antinacionalista, quién sabe si auspiciado por Aznar, ahora que ambos comparten sillón en el think tank de la FAES.

Y Joan Puigcercós intentará apagar los fuegos que día sí y otro también vaya encendiendo Carod. Hasta que el partido en bloque mande callar a uno de los dos. De momento, el que está cansando más es el presidente Carod.

Sobre todo a él y a la dirección central del PP se refirió a mediados de este diciembre el barcelonés Círculo de Economía, uno de los foros académicos y empresariales más influyentes de España, cuando llamó a los políticos a dejar de lado el clima de “enfrentamiento y crispación” y “las tácticas populistas de enfrentamiento territorial” para recuperar el "diálogo constructivo” que hizo posible la transición democrática.