Ibarretxe podría volver a sacar del baúl de los recuerdos su proyecto de Estatuto vasco al calor de la tramitación del catalán en el Congreso y de las negociaciones con ETA.
2006 se presenta interesante en Euskadi. Después de un año cargado de informaciones y actuaciones esperanzadoras, aunque también demasiado a menudo contradictorias, parece que el próximo año tiene que ser el año de la paz. De la paz definitiva. De hecho, si así no lo fuera, la frustración de la sociedad vasca sería enorme. Y esa sensación que se vive en cada rincón de Euskadi es el mayor acicate para los políticos y para la misma ETA para pasar a otro escenario, aquel en el que las armas callan.
Si durante unos meses el proyecto de nuevo Estatuto vasco promovido por Ibarretxe ha permanecido en el baúl de los recuerdos tras su rechazo en el Congreso, al calor del Estatut catalán y las negociaciones con ETA parecen resurgir de sus cenizas y volver a estar sobre la mesa del 2006.
Tres serán los actores fundamentales para llegar a ese escenario: Patxi López, secretario general del PSE-EE, Arnaldo Otegi, jefe indiscutido de la izquierda abertzale y Juan José Ibarretxe, lehendakari del Gobierno vasco. En mayor o menor medida en manos de los tres estará que la Mesa de partidos -auténtico eje sobre el que deben girar las propuestas políticas para superar la actual fase- se construya.
Dificultades las habrá sin duda. Ya han adelantado algunas de las cuestiones que más quebraderos de cabeza traerán, tales como la asunción del derecho a decidir por parte de los ciudadanos que viven en Euskadi, o la territorialidad. Pero el tiempo apremia para todos. Para ETA y la izquierda abertzale porque saben que sin el cese de las armas no será posible que se presenten a las elecciones de 2007., y que los atentados sin víctimas es un juego muy peligroso y totalmente carente de sentido en el futuro. Para el PSE y para Zapatero porque un fracaso les pondría a los pies del PP y lograr la paz en Euskadi, al contrario, sería un buen revulsivo para continuar gobernando. Y para el PNV y el lehendakari que saben que tienen que ser agentes de primer orden en este momento político. No cabe esperar más.
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