El presidente del Partido Popular tiene que confirmar su liderazgo, reestructurar a su equipo e imponer su autoridad en Galicia con Alberto Núñez Feijóo como sucesor de Fraga.
Mariano Rajoy, el presidente del PP, tampoco lo tiene del todo fácil, aunque ya ha superado importantes obstáculos: Manuel Fraga ya prácticamente no está en el machito político, y José María Aznar parece haber dejado de jugar a la contra.
Las cosas en Galicia parecen haberse aclarado, dejando el camino libre a Alberto Núñez Feijoo en la sucesión de Don Manuel y, aún mejor, con el alejamiento del polémico Xosé Cuiña del timón de las conspiraciones palaciegas. Y, de cara a la convención nacional del Partido Popular en marzo, las cosas se han pacificado notablemente: en este cuarto de hora, nadie discute el liderazgo de Rajoy. Pedalea a la cabeza del pelotón, ahora bastante apoyado por su equipo. Y ése el es tema.
Es el equipo que rodea a Mariano Rajoy, que lo ayuda a subir a la cima, el que no acaba de convencer a todos en los pasillos 'populares'. Dicen que Zaplana anda a sus cosas, que Acebes da una imagen excesivamente ligada al pasado aznarista (lo cual no es cierto pues le toca lidiar con la más fea), que la joven Soraya Sáenz de Santamaría da una imagen eso, excesivamente joven, que la comunicación, que depende de Gabriel Elorriaga (y de Belén Bajo) no funciona...en fin, lo de siempre. A Rajoy le acusan, por lo bajini, de rodearse de una guardia de corps en la que su cuñado tiene excesiva influencia, de no dar demasiada cancha a gentes como Ana Pastor (lo que no es cierto), Miguel Arias-Cañete (lo que sí es más verdad) o Gustavo de Arístegui (lo que tampoco es demasiado real).
Rajoy deberá integrar a la FAES de Aznar en los trabajos dirigidos y diseñados desde la sede central en la madrileña calle de Génova. Y ahí está otro problema: que hay poca dirección y poco diseño en Génova, según comentan responsables de grado medio que trabajan en la casa y que acusan a la Fundación de Aznar de 'comerse' la imagen del partido.
Rajoy tiene que definir de una vez la línea a seguir: ¿más dura, para cubrir el hueco dejado por Aznar? ¿Algo más centrista para captar los votos electorales que permiten ganar en las urnas? Ambas cosas no pueden ser, y todos perciben la excesiva influencia que sobre las gentes del PP ejercen, por ejemplo, algunos medios de comunicación, como los de la COPE. El presidente del PP, el único que queda en realidad de aquel triunvirato consagrado en el último congreso del partido, apuesta por una sensación de normalidad en un clima político que es casi todo menos normal.
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