El ministro de Industria es una de las piezas clave del Gabinete de Zapatero. No tanto por sus conocimientos en la materia como por su condición de primer secretario del PSC y el eslabón que une e impide la fragmentación entre los “aristócratas republicanos” del socialismo catalán y sus deseos de mayores cotas de independencia, y los “charnegos” llegados a Cataluña que se sienten más socialistas que catalanistas.
Montilla controla al presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, y para muchos de su partido hace el papel de “agente doble”: es el representante de los intereses catalanes en Madrid, y de los intereses madrileños en Cataluña. Un papel siempre difícil que se convierte en ejercicio de equilibrista con el nuevo proyecto de Estatut discutiéndose en el Congreso.
En su condición de ministro tendrá que resolver finalmente en la OPA de Gas Natural sobre Endesa, y en la nueva configuración del mercado eléctrico, con tarifas incluidas, que a la polémica sobre sus posibles apoyos a los deseos de La Caixa de convertirse en la auténtica controladora de la energía en España desee las plataformas del gas, la luz y el petróleo, ha unido en su condición de máximo responsable del PSC las condonaciones de deudas del partido por parte de la misma entidad financiera. En ese laberinto, ni el va a dimitir, ni Zapatero va a cesarle o cambiarle de Ministerio por más ataques que reciba desde la oposición y desde algunos medios de comunicación. Es demasiado valioso para el presidente. Y puede que en el 2006 haya elecciones anticipadas en Cataluña con un cambio de escenario.
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