El titular de Defensa ha convertido su Ministerio en un arma todo terreno al servicio del Gobierno y de su partido. Desde su atalaya mantiene unas inmejorables relaciones políticas con Washington, “colaborando” con su colega Moratinos a restablecer los lazos que el presidente rompió con sus tres “bofetones” al gobierno Bush: su sentada durante el desfile al paso de la bandera norteamericana, la retirada de las tropas españolas de Irak, y su proclama en Túnez pidiendo que más países siguieran su ejemplo.
José Bono sigue ejerciendo de líder político y de recambio casi para todo, incluida la presidencia del Gobierno. Algo que sin él buscarlo siempre le cae encima desde los tiempos en que gobernaba Castilla la Mancha. Su disposición a hablar con independencia le ha granjeado más enemigos dentro de su partido que fuera, y se ha convertido en el ala derecha del PSOE merced a su declarada militancia católica, sus buenas relaciones con la Iglesia y las Fuerzas Armadas y su defensa de la integridad territorial del estado frente a las apetencias de algunos partidos catalanes y vascos, con especial predilección en sus duras respuestas a su “compañero” que no amigo Pasqual Maragall.
Su relación con Zapatero, desde su enfrentamiento en el año 2000 por el puesto de secretario general del PSOE, no ha hecho más que mejorar. Y debe ser verdad por lo que cuentan desde Moncloa y desde el Paseo de la Castellana. Además se lleva estupendamente con el Rey Juan Carlos.
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