El imparable ascenso de Alfredo Pérez Rubalcaba dentro del PSOE, cada día mejor “colocado”‚ a la sombra de Zapatero, empieza a inquietar a un sector del partido y del propio Gobierno, que ve con preocupación cómo el portavoz parlamentario “eclipsa” la función de no pocos ministros.
El caso más claro es el de la LOE y el papel “segundón”‚ que -serán por aquello de su apellido- está jugando la ministra del ramo, María Jesús San Segundo, quien no puede presumir del don de la palabra, por cierto. Rubalcaba desplegó todas sus artes negociadoras hasta lograr cerrar un amplio pacto con los diferentes grupos parlamentarios sobre un paquete de enmiendas transaccionales que su grupo presentó a la Ley de Educación con las que intentaba contentar a unos y otros.
Este imparable protagonismo de Alfredo Pérez Rubalcaba -está en todos los frentes políticos abiertos en estos momentos- hace “sospechar‚ a algunos diputados de su propio grupo que lo que persigue es “volver a pisar la moqueta” de La Moncloa para sentarse de nuevo en el Consejo de Ministros. Las apuestas suben -increíblemente para muchos de los analistas políticos- hasta colocarle en una vicepresidencia, como auténtico número dos del Gobierno y del partido. Quienes le conocen sonríen ante tal posibilidad y aseguran que “a Alfredo, más que ser ministro, lo que realmente le gusta es ser el perejil de todas las salsas y sentirse imprescindible”. Veremos, que el vicio de la envidia prende con facilidad en todas partes.
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