No puedo creer que
el presidente Zapatero sea tan indiferente como parece
ante alguna de las barbaridades que se están perpetrando por
el Gobierno tripartito. Y me cuesta aún más creer que el grueso
del PSOE no diga esta boca es mía por aquello de de la solidaridad
partidista mal entendida.
La última de las que nos hemos enterado es ese documento que
la Generalitat reparte en las escuelas para que dos alumnos
por clase, amen del tutor, especifiquen qué profesores dan
las clases en castellano y quienes en catalán. De manera que,
lo mismo que sucedía en la China de Mao, con la Joven
Guardia Roja, aquí la Generalitat pone en marcha una joven
guardia lingüística que tendrá que delatar a los profesores
que no hablen en catalán. A esa figura la Generalitat le llama
"coordinadores lingüísticos" que es una manera amable
de calificarlos. Es tal barbaridad intentar imponer una lengua
que, algún día, cuando el tiempo nos dé perspectiva de lo
que está pasando, se recordarán estas actuaciones del tripartido
como simple y llanamente obra de fanáticos nacionalistas.
Intentar desterrar el castellano, negar a las personas hablar
en su lengua materna, estudiar en su lengua materna, rotular
su negocio en la lengua que le venga en gana, es un atentado
a los derechos más elementales de las personas. Y lo peor
es que el catalán, una lengua que es patrimonio de todos,
no va a salir favorecida por estás políticas fanáticas.
A Jordi Pujol le dejaron hacer en este terreno por
aquello que en Madrid compensaba políticamente su moderación
y papel de arbitraje, de manera que nadie, salvo unos pocos,
pusieron inconvenientes a su Ley de Política Lingüística,
que dicho sea de paso al final ha sido un fracaso en la calle,
otra cosa es en las escuelas y organismos oficiales.
Muchas de las políticas del tripartito son un disparate por
no utilizar otros adjetivos más precisos y duros, pero alguien,
no sé quién, debería de restablecer los derechos fundamentales
de las personas, porque lo que está haciendo el tripartito
es lo mismo que hizo Franco cuando quiso desterrar
el catalán. Afortunadamente no lo consiguió y el catalán se
hablaba con cuidado en la calle, pero con normalidad en casa,
ahora pasa lo mismo pero al revés, es el castellano el que
está proscrito. Lo peor es que lo hacen políticos que se dicen
democráticos y, peor aún, es que desde el Gobierno Zapatero
se mire hacia otro lado. |