Julia Navarro
El ejemplo francés
10/02/2006
El primer ministro francés, Dominique de Villepin, acaba de presentar un proyecto de ley de inmigración, que parece que va a endurecer las posibilidades de que lleguen nuevos inmigrantes a Francia. Villepin no se ha andado por las ramas y ha dejado claro qué tipo de inmigrantes necesita Francia: aquellos que puedan desempeñar trabajos determinados para los que hay demanda. La verdad es que, así planteado, parece un tanto brutal, pero uno de los problemas que empiezan a tener todos los países de la Unión es el de miles de inmigrantes ilegales que terminan malviviendo en el extrarradio de las grandes ciudades, con todos los problemas que se derivan de esa situación.

Pero quizá, de la nueva ley francesa, lo que más llama la atención es que los inmigrantes van a tener que firmar un Contrato de Acogida e Integración, que es una exigencia añadida con la que deben de comprometerse a respetar las leyes franceses, aprender la lengua y aceptar la igualdad entre hombres y mujeres, entre otras cosas. Se podría decir que es innecesario este contrato puesto que cuando alguien va a otro país tiene que aceptar su legislación, pero en la realidad no es así.

En los últimos años, el afán de lo políticamente correcto ha llevado a los responsables gubernamentales europeos a hacer la vista gorda ante situaciones que tienen a las mujeres como víctimas. Por aquello de "respetar las diferencias culturales" se viene tolerando la poligamia, porque es una evidencia que hay muchos inmigrantes musulmanes que tienen más de una mujer y las autoridades hacen la vista gorda. Como es una evidencia que en esta Europa de las libertades hay niñas que son entregadas en matrimonio sin su consentimiento. Como es igualmente evidente que se practica clandestinamente la ablación. Como es igualmente evidente que hay niñas que no hacen gimnasia en los colegios o no van de excursión con sus compañeros porque se los prohíben sus padres. Como es igualmente evidente que muchas de estas niñas no terminan los estudios porque en cuanto empiezan a ser adolescentes las sacan de los centros educativos.

Y todo eso se viene tolerando en nombre del respeto a la diferencia cultural, pero lo que realmente se está perpetrando es una herida a la libertad de todos y la libertad e igualdad de las mujeres, conseguida en el último siglo con tanto sufrimiento. En la causa de la igualdad entre hombres y mujeres a las mujeres no nos han regalado nada, lo hemos conseguido día a día, año a año, dejándonos muchos jirones en el camino para que ahora en nombre de la diferencia contemplemos como nuestra sociedad se impregna de costumbres que atentan a esos principios de igualdad y libertad.

Hay muchas intelectuales musulmanas que vienen criticando la actitud de los europeos al respecto. Las estamos dejando solas a su suerte. De manera que, aunque no conozco el contenido de esa ley de Villepin, en principio me parece interesante tener en cuenta ese Contrato de Acogida e Integración. Puede resultar redundante pero visto lo visto, parece necesario. Lo repetiré hasta la saciedad: no podemos dejar que nos cambien nuestro modo de vida, nuestros derechos, no podemos permitir que nos desvirtúen la libertad. De manera que no me cansaré de repetir que no podemos dar ni un solo paso atrás, sino pedir a esas otras culturas que den un paso adelante para ser más libres.