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Este domingo llegará el salvador… o no. La expectación sube
a medida que transcurre la ‘Convención populares_06’ en
el IFEMA de Madrid, y sube porque, después de dos jornadas
de pim-pam-pum contra todos y contra todo –especialmente
contra los ‘nietos’, como ZP, que revindican memorias un
tanto anacrónicas ya-, lo que verdaderamente importa es
escuchar el discurso del gran líder Mariano Rajoy.
Da la sensación, políticamente hablando, de que el nuevo
PP se presenta en sociedad como uno y trino: tres etapas,
tres generaciones, tres pensamientos distintos en un solo
partido. De ahí que el ‘uno’ más grande de todos, el Rajoy
que debería salir fortalecido de este cónclave, que para
eso lo ha convocado él, se presente con un discurso a la
medida de la nueva situación. Pero, ¿cuál es esa situación?
Porque si la situación ‘nueva’ es la vieja política que
el viernes contaron Manuel Fraga y José María
Aznar, el ‘nuevo’ PP no dejaría de ser más que una forma
imperfecta del ‘viejo’ PP que se estableció tras el fiasco
de las elecciones generales de 1993, pero sin hallarnos
en la situación política en la que España se encontraba
durante esa última etapa de la era González.
En el PP hay 700.000 militantes y desde la debacle electoral
del 14 de marzo de 2004 se han alistado en sus filas otros
70.000, según proclaman eufóricamente –probablemente con
toda la razón del mundo- desde Acebes, como secretario general,
hasta Sebastián González, secretario de Organización.
Algo representa, por tanto, este partido en la sociedad
española. Y esas cifras, además, desautorizan a todos aquellos
que quieren ningunear y ningunean a la segunda formación
política del país en cuanto a resultados electorales. Ése
es uno de los mensajes subliminales, sin duda, que la ‘Convención
populares_06’ le está transmitiendo a la sociedad, pero
muy especialmente al Partido Socialista. Ése mensaje junto
a este otro: que el ‘renovado’ PP, moderado, centrista,
se ha convertido en alternativa frente a la política 'radical'
del Gobierno de Zapatero. Ahora bien, para que ese mensaje
cale –y para calar debe ser sincero-, Rajoy y su Convención
deberían establecer unas bases y unos discursos que respondan
al nuevo perfil pragmático-ideológico que nos quieren vender
con sus ofertas de telegenia.
Porque el discurso político que realizó el viernes el presidente-fundador,
Manuel Fraga, de anacrónico que fue hunde al PP en las raíces
de los tiempos, o más allá, al jurásico. Y el discurso que
desarrolló el presidente-de-honor, José María Aznar, nos
lleva directamente al ‘pasado glorioso’ de su etapa como
gobernante, pero que visto desde el presente y en las actuales
circunstancias, no sólo aleja al PP del centrismo no ya
progresista que persigue, sino del centrismo-moderado, y
lo acerca al discurso de la rabia y del rencor. Las intervenciones
de Ángel Acebes y Eduardo Zaplana, los otros
dos ases de la baraja popular, no han seguido este sábado
la línea de la moderación proclamada por Alberto Ruiz-Gallardón,
que había hecho un discurso más de borrón y cuenta nueva,
no avergonzarse del pasado, pero tampoco colocarlo como
bálsamo de futuro. Acebes ha sido tan ácido como siempre
y su planteamiento tan cuadriculado que era más que previsible
y que, obviamente, no aporta elementos nuevos para la recuperación
del centrismo –no digamos del progresismo- que parece querer
postular Mariano Rajoy. De Zaplana no se puede añadir sino
lo mismo.
Como nos comentaba un dirigente popular descaradamente
anti-zaplanista todos esos discursos, sin embargo, que al
final se reducen a tres, tienen su público determinado,
un público al que hay que rendir pleitesía dialéctica para
que corresponda al PP con su apoyo electoral cuando llegue
el caso. Así, el anacronismo de Fraga encontraría adeptos
en determinado espectro sociológico, lo mismo que la dureza
de Aznar o la falta de sutiliza y la exposición sacerdotal
de Acebes. Pero la pregunta sigue en pie: ¿Puede aglutinar,
puede recoger Rajoy ese amplio espectro que va desde la
derecha más recalcitrante al centrismo progresista? Porque
si Rajoy demuestra este domingo que, pese a todo, él es
el líder indiscutible y que su discurso no es sólo el que
vale, sino el que va realmente a misa y es un discurso,
además, que puede satisfacer a un amplio espectro social,
los populares habrán ganado mucho y no sólo habrán echado
unas risas en esta Convención que está teniendo mucho de
folklore, empezando por su presentador, que vaya a quien
se le haya ocurrido la idea.
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