Manuel Ángel Menéndez
Uno y trino
4/03/2006


Este domingo llegará el salvador… o no. La expectación sube a medida que transcurre la ‘Convención populares_06’ en el IFEMA de Madrid, y sube porque, después de dos jornadas de pim-pam-pum contra todos y contra todo –especialmente contra los ‘nietos’, como ZP, que revindican memorias un tanto anacrónicas ya-, lo que verdaderamente importa es escuchar el discurso del gran líder Mariano Rajoy. Da la sensación, políticamente hablando, de que el nuevo PP se presenta en sociedad como uno y trino: tres etapas, tres generaciones, tres pensamientos distintos en un solo partido. De ahí que el ‘uno’ más grande de todos, el Rajoy que debería salir fortalecido de este cónclave, que para eso lo ha convocado él, se presente con un discurso a la medida de la nueva situación. Pero, ¿cuál es esa situación? Porque si la situación ‘nueva’ es la vieja política que el viernes contaron Manuel Fraga y José María Aznar, el ‘nuevo’ PP no dejaría de ser más que una forma imperfecta del ‘viejo’ PP que se estableció tras el fiasco de las elecciones generales de 1993, pero sin hallarnos en la situación política en la que España se encontraba durante esa última etapa de la era González.

En el PP hay 700.000 militantes y desde la debacle electoral del 14 de marzo de 2004 se han alistado en sus filas otros 70.000, según proclaman eufóricamente –probablemente con toda la razón del mundo- desde Acebes, como secretario general, hasta Sebastián González, secretario de Organización. Algo representa, por tanto, este partido en la sociedad española. Y esas cifras, además, desautorizan a todos aquellos que quieren ningunear y ningunean a la segunda formación política del país en cuanto a resultados electorales. Ése es uno de los mensajes subliminales, sin duda, que la ‘Convención populares_06’ le está transmitiendo a la sociedad, pero muy especialmente al Partido Socialista. Ése mensaje junto a este otro: que el ‘renovado’ PP, moderado, centrista, se ha convertido en alternativa frente a la política 'radical' del Gobierno de Zapatero. Ahora bien, para que ese mensaje cale –y para calar debe ser sincero-, Rajoy y su Convención deberían establecer unas bases y unos discursos que respondan al nuevo perfil pragmático-ideológico que nos quieren vender con sus ofertas de telegenia.

Porque el discurso político que realizó el viernes el presidente-fundador, Manuel Fraga, de anacrónico que fue hunde al PP en las raíces de los tiempos, o más allá, al jurásico. Y el discurso que desarrolló el presidente-de-honor, José María Aznar, nos lleva directamente al ‘pasado glorioso’ de su etapa como gobernante, pero que visto desde el presente y en las actuales circunstancias, no sólo aleja al PP del centrismo no ya progresista que persigue, sino del centrismo-moderado, y lo acerca al discurso de la rabia y del rencor. Las intervenciones de Ángel Acebes y Eduardo Zaplana, los otros dos ases de la baraja popular, no han seguido este sábado la línea de la moderación proclamada por Alberto Ruiz-Gallardón, que había hecho un discurso más de borrón y cuenta nueva, no avergonzarse del pasado, pero tampoco colocarlo como bálsamo de futuro. Acebes ha sido tan ácido como siempre y su planteamiento tan cuadriculado que era más que previsible y que, obviamente, no aporta elementos nuevos para la recuperación del centrismo –no digamos del progresismo- que parece querer postular Mariano Rajoy. De Zaplana no se puede añadir sino lo mismo.

Como nos comentaba un dirigente popular descaradamente anti-zaplanista todos esos discursos, sin embargo, que al final se reducen a tres, tienen su público determinado, un público al que hay que rendir pleitesía dialéctica para que corresponda al PP con su apoyo electoral cuando llegue el caso. Así, el anacronismo de Fraga encontraría adeptos en determinado espectro sociológico, lo mismo que la dureza de Aznar o la falta de sutiliza y la exposición sacerdotal de Acebes. Pero la pregunta sigue en pie: ¿Puede aglutinar, puede recoger Rajoy ese amplio espectro que va desde la derecha más recalcitrante al centrismo progresista? Porque si Rajoy demuestra este domingo que, pese a todo, él es el líder indiscutible y que su discurso no es sólo el que vale, sino el que va realmente a misa y es un discurso, además, que puede satisfacer a un amplio espectro social, los populares habrán ganado mucho y no sólo habrán echado unas risas en esta Convención que está teniendo mucho de folklore, empezando por su presentador, que vaya a quien se le haya ocurrido la idea.