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La duda estaba en si el PP en su convención prestaría
más atención al Estatuto catalán o al proceso de pacificación
de ETA en Euskadi. Parece que ha triunfado esta segunda
opción, y que sobre ella el PP se ha manifestado muy coincidente:
mano tendida al gobierno del PSOE... siempre que abjuren,
renuncien y rechacen cualquier posibilidad de negociación,
aproximación, entendimiento o acuerdo con la banda y sus
adláteres de Batasuna. Aunque sea preciso modificar la historia,
el PP ni negoció ni se muestra partidaria de que se negocie
con la banda. Sobre todo, -cabría pensar malévolamente-
si es otro partido el que pudiera apuntarse ese dato histórico
del final de la violencia armada en Euskadi...
Puede resultar inmoral, deshonesta y políticamente incorrecta
la pregunta, pero a veces fuerzan a hacerla: ¿Qué teme más
el PP, que haya más víctimas del terrorismo o que el adversario
político pueda alzarse con el éxito de que acabe la banda
terrorista ETA? Es cuestión brutal, pero procedente después
de haber leído algunas manifestaciones de quienes llegan
a expresar que era mejor antes, cuando ETA mataba y añadía
víctimas a su relación de casi mil muertos... En esa materia,
parece que todo cabe, hasta la infamia y la calumnia de
proclamar que el Estado, con el gobierno socialista de Zapatero,
ha bajado la guardia y ya se combate con menor vigor y eficacia
a los mafiosos de ETA.
El fiscal general, Conde Pumpido, acaba de denunciar
que se utiliza a algunos jueces y fiscales como instrumento
de oposición. "He ordenado que se actúe contra el terrorismo
con el máximo rigor dentro de la ley", declara a ABC.
Por su parte, Javier Rojo, presidente del Senado,
sostiene que "este gobierno ni ha bajado la guardia ni
está negociando con ETA". Del País Vasco llegan algunas
voces más: Ibarretxe insiste en el derecho de los
vascos a decidir, y López le critica por comparar Euskadi
con Montenegro. Patxi López explica que "antes de otras
treguas, ETA ponía muertos, ahora mochilas bomba. Un asesinato
etarra acabaría con este proceso hacia la paz, la sociedad
española no admite ni uno más".
Posiblemente López conoce como pocos el momento exacto
en que se encuentra ese "principio del fin", y en qué medida
es inestable el equilibrio en un momento en el que ha regresado
la "lucha callejera", cuando ha empezado a asustar la frecuencia
de las bombas, cuando algunos desfallecen porque Zapatero
no tiene datos ni frutos consistentes para sostener su confianza
y la de sus fieles...
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